Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.78
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-¡Qué vergüenzal --exclamó -. ¡Eres muchísimo peor que veinte enemigos, pérfida amiga!
-¿No me crees? ¿Te figuras que hablo así por egoísmo?
-Estoy segura -repuso Isabel-, y me horroriza verte.
-Está bien -contestó Catalina-. Yo te he dicho lo que debía. Ahora haz lo que quieras.
-¡Cuánto egoísmo tengo que aguantar! -exclamó Isabel llorando, cuando su cuñada salió de la habitación-. Todos están contra mí. Ella ha procurado truncar mi última esperanza. Pero ha mentido, ¿verdad, Elena? El señor Heathcliff es un alma digna y sincera y no un demonio. De lo contrario, no hubiera vuelto a acordarse de Catalina.
-No se acuerde más de él, señorita -le aconsejé -. El señor Heathcliff es un pajaro de mal agüero: no le conviene a usted. No puedo negar que es verdad cuanto ha dicho la señora Linton. Ella lo conoce mejor que yo y que nadie, y jamás le hubiera pintado más malo de lo que es. Las personas honradas no ocultan sus actos. Y él, ¿cómo se ha enriquecido? ¿Qué hace en «Cumbres Borrascosas», en donde vive el hombre a quien odia? Se asegura que el señor Earnshaw marcha cada vez peor desde que vino Heathcliff. Los dos se pasan la noche en vela. Hindley ha hipotecado todas sus tierras y no hace más que jugar y beber. Supe esto
hace una semana: me lo contó José, a quien encontré en Gimmerton. Me dijo: «Va mos a acabar viendo al juzgado en casa, Elena. El uno antes se dejaría cortar un dedo que ayudar al otro a salir del pantano en que se hunde más cada vez. Y éste es el amo, Elena. Y la cosa avanza deprisa. No teme ni a la justicia, ni a san Juan, ni a san Pedro, ni a nadie. Al contrario: se ríe de ellos. Y, ¿qué me dices del tal Heathcliff? ¡Ya puede reírse, ya, de ese juego diabólico! ¿No os cuenta, cuando os visita, la buena vida que se da entre nosotros? Pues se levantan al atardecer, cierran las ventanas, juegan y beben brandy hasta el mediodía del día
siguiente. Entonces, aquel loco se marcha a su alcoba jurando, y el otro miserable se guarda los dineros, duerme, se harta de comer y después va a divertirse con la mujer de su vecino. Por supuesto que cuenta a doña Catalina cómo se está hinchando la bolsa con el dinero del amo que en paz descanse.
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