Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.59
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Lo último no significaría nada. Usted le amaría igual aunque ello no fuera así, y únicamente por eso no le querría si no reunie se las demás cualidades. -¡Naturalmente! Me daría lástima, y puede que hasta le aborreciera si fuera feo o fuera un hombre
ordinario. -Pues en el mundo hay otros muchachos guapos y ricos, y más que el señorito Eduardo. -Quizá, pero yo sólo he visto uno y es Eduardo. -Más tarde puede usted conocer algún otro, y él, además, no será siempre joven y guapo. También podría
dejar de ser rico.
-Yo no tengo por qué pensar en el futuro. Ya podrías hablar con más sentido común.
-Pues entonces, nada... Si no piensa usted más que en el presente, cásese con el señorito Eduardo.
-Para eso no necesito tu permiso. Claro que me casaré con él. Pero no me has dicho aún si hago bien o
no.
-Me parece bien si usted se casa pensando sólo en el momento. Ahora contésteme usted: ¿de qué se preocupa? Su hermano se alegrará, los ancianos Linton no creo que pongan reparo alguno, va usted a salir de una casa desordenada para ir a otra muy agradable, ama usted a su novio y él la ama a usted. Todo está claro y sencillo. ¿Dónde ve usted el obstáculo?
-¡Aquí y aquí, o donde pueda estar el alma! -repuso Catalina golpeándose la frente y el pecho-. Tengo la
impresión de que no obro bien. -¡Qué cosa tan rara! No me la explico. -Pues te la explicaré lo mejor que pueda, si me prometes que no te vas a burlar de mí. Catalina se sentó a mi lado. Estaba triste y noté que sus manos, que mantenía enlazadas, temblaban. -Elena: ¿no sueñas nunca cosas extrañas? -me dijo, después de reflexionar un instante. -A veces -respondí. -También yo. En ocasiones he soñado cosas que no he olvidado nunca y que han cambiado mi modo de
pensar. Han pasado por mi alma y le han dado un color nuevo, como cuando al agua se le agrega vino. Y uno que he tenid o es de esa clase. Te lo voy a contar, pero líbrate de sonreír ni un solo instante.
-No me lo cuente, señorita -le interrumpí-. Ya tenemos aquí bastantes congojas para andar con pesadillas que nos angustien más. Ea, alégrese. Mire al pequeño Hareton.
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