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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.52

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A veces me dan ganas de decirte que ellos... pero prefiero callar.
-¿Qué tienes que decir? -exclamó Catalina, turbada- ¡Ay, Elena! agregó, desasiéndose de mis manos-. Me has despeinado las ondas. ¡Basta, déjame ¿Qué estabas a punto de decir, Heathcliff?
-Fíjate en ese calendario que hay en la pared -repuso él señalando uno que estaba colgado junto a la ventana-. Las cruces marcan las tardes que has pasado con Linton y los puntos las que hemos pasado juntos tú y yo He marcado pacientemente todos los días. ¿Qué te parece?
-¡Vaya, una bobada! -repuso despectivamente Catalina . ¿A qué viene eso?
-A que te des cuenta de que reparo en ello -dijo Heathcliff.
-¿Y por qué he de estar siempre contigo? -replicó ella, cada vez más irritada -. ¿Para qué me vales? ¿De qué me hablas tú? Lo que haces para distraerme, un niño de pecho lo haría, y lo que dices lo diría un mudo.
-Antes no me decías eso, Catalina -repuso Heathcliff, muy agitado-. No me declarabas que te des­agradase mi compañia.
-¡Vaya una compañía la de una persona que no sabe nada ni dice nada! -comentó la joven.
Heathcliff se incorporó, pero antes de que tuviera tiempo de seguir hablando, sentimos un rumor de
cascos de caballo, y el señorito Linton entró con la cara rebosando contento. Sin duda en aquel momento pudo Catalina comparar la diferencia que había entre los dos mu chachos, porque era como pasar de una cuenca minera a un hermoso valle, y las voces y modos de ambos confirmaban la primera impresión. Linton sabía expresarse con dulzura y pronunciar las palabras como usted, es decir, de un modo mas suave que el que se emplea por estas tierras.
-¿No me habré anticipado a la hora? -preguntó el joven, mirándome.
Yo estaba enjugando los platos y arreglando los cajo nes del aparador.
-No -repuso Catalina-. ¿Qué haces ahí, Elena?
-Trabajar, señorita -repuse, sin irme, porque tenía orden del señor Hindley de asistir a las entrevistas de Linton con Catalina.
Ella se me acercó y me dijo en un cuchicheo:
-Vete de aquí y llévate tus trapos. Cuando hay gente de fuera, los criados no están en las habitaciones de los señores.
-Puesto que el amo está fuera, debo trabajar -le dije-, ya que no le gusta verme hacerlo en presencia de él.


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