Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.51
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Los trabajos a que le dedicaban habían extinguido en él todo amor al estudio y el sentimiento de superioridad que en su niñez le infundieran las atenciones del antiguo amo ya no existía. Largo tiempo se esforzó en mantenerse al nivel cultural de Catalina, pero al fin tuvo que ceder a la evidencia. Cuando se convenció de que ya no recobraría lo perdido,
se abandonó del todo, y su aspecto reflejaba su rebajamiento moral. Tenía un aspecto innoble y grosero, del que actualmente no conserva nada, se hizo insociable en extremo y parecía complacerse en inspirar repulsión antes que simpatía a los pocos con quienes tenía relacion.
Cuando no trabajaba, seguía siendo el eterno compa ñero de Catalina. Pero él no le expresaba nunca su afecto verbalmente, y recibía las afectuosas caricias de su amiga sin devolverlas.
El día a que me refiero, entró en la habitación donde yo estaba ayudando a vestirse a la señorita Catalina, y anunció su decisión de no trabajar aquella tarde. Ella, que no esperaba tal ocurrencia, había citado a Eduardo, y estaba preparándose para recibirle.
-Tienes algo que hacer esta tarde, Catalina? -le preguntó-. ¿Piensas ir de paseo?
-No; porque está lloviendo.
-Entonces, ¿por qué te has puesto este vestido de seda? Supongo que no esperarás a nadie.
-No espero a nadie, que yo sepa -repuso ella-. Pero, ¿cómo no estás ya en el campo, Heathcliff? Hace más de una hora que hemos comido. Creía que te habrías marchado ya.
-Hindley no nos libra a menudo de su odiosa presencia -replicó el muchacho-. Hoy no pienso trabajar y me quedaré contigo.
-Más vale que te vayas -le aconsejó la joven-, no sea que José lo cuente.
-José está cargando tierra en Penninston y no volverá hasta la noche, así que no tiene por qué enterarse.
Y Heathcliff se sentó al lado de la lumbre. Catalina frunció el entrecejo y reflexionó unos momentos. Al fin encontró una disculpa para preparar la llegada de su amigo, y dijo, tras un minuto de silencio:
--Isabel y Eduardo Linton avisaron de que acaso vendrían esta tarde. Claro que, como llueve, no espero que lo hagan, pero si se decidieran y te ven, corres el peligro de sufrir una reprensión.
-Que Elena les diga que estás ocupada -insistió el muchacho-. No me hagas irme por esos tontos de tus amigos.
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