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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.45

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A pesar de que a Catalina le agradaba también la música, dijo que se oía mejor desde el rellano de la escalera, y con este pretexto salió seguida por mí. Cerraron la puerta de abajo. No parecían haber reparado en nuestra falta. Catalina subió hasta el desván donde estaba encerrado Heathcliff. Le llamo, y aunque él al principio no quiso contestar, acabaron manteniendo una conversación a tra vés de la puerta. Les dejé que charlaran tranquilamente, y cuando comprendí que el concierto iba a terminar y que se iba a servir la cena a los músicos, volví al desván con objeto de avisar a Catalina. Pero no la hallé. Por una clara boya había
subido al tejado, y por otra entrado en la buhardilla de Heathcliff`. Me costó mucho convencerla de que saliera. Al cabo lo hizo en compañía de Heathcliff, y se empeñó en que le llevara a la cocina conmigo, ya que José se había ido a casa de un vecino, para librarse de la «infernal salmodia», como llamaba a la música. Yo les advertí que no contaran conmigo para engañar al señor Hindley, pero que por esta vez lo haría, ya que el cautivo no había probado bocado desde el día antes.
Él bajó, se sentó junto a la lumbre, y yo le ofrecí mu chas golosinas. Pero Heathcliff se sentía mal y no comió apenas, sin que mis intentos de distraerle fuesen más afortunados. Había apoyado los codos en las rodillas y la barbilla en las manos, y callaba. Le pregunté qué pensaba, y me respondió con gravedad:
-En cómo hacerle pagar esto a Hindley. No sé cuanto habré de esperar, pero no me importa, si lo consigo al fin. ¡Con tal de que no reviente antes!
-¡Qué vergüenza, Heathcliff! -le dije-. Sólo corresponde a Dios castigar a los malos. Nosotros hemos de saber perdonarles.
-No será Dios quien tenga esa satisfacción, que yo me reservo -repuso-. Lo único que necesito es saber cómo la alcanzaré. Pero ya acertaré con el plan conveniente. Este pensamiento me evita sufrir.
Ahora reparo, señor Lockwood, en que estas historias no deben tener interés para usted. No sé cómo he hablado tanto. Está usted durmiéndose. ¡Hubiera podido contarle en una docena de palabras cuanto le interesara a usted saber sobre la vida de Heathcliff!
Después de esta interrupción, el ama de llaves, incorporándose, guardó la labor.


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