Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.40
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Soy tan sucio como me da la gana, y me agrada estar sucio.
Y se lanzó fuera de la habitacion, con gran contento de los amos y gran turbación de Catalina que no acababa de comprender por qué sus comentarios le habían producido tal exasperación de mal humor.
Después de haber ayudado a desvestirse a la recién lle gada, de poner los bollos al horno y de encender la lumbre, me senté dispuesta a entretenerme cantando villancicos, sin hacer caso a José, que me aseguraba que el tono que yo empleaba era demasiado mundano. Él se marchó a su cuarto a rezar, y los señores Earnshaw distraían a la joven enseñándole unos obsequios que habían comprado para los Linton en prueba de agradecimiento por sus atenciones. Habían invitado a los Linton a pasar el siguiente día en «Cumbres
Borrascosas» y ello había sido aceptado a condición de que los hijos de los Linton no tuvieran que tratar con aquel «terrible chicuelo que hablaba tan ma1».
Me quedé sola. La cocina olía fuertemente a las especias de los guisos. Yo miraba la brillante batería de cocina, el reluciente reloj, los vasos de plata alineados en la bandeja y la impecable limpieza del suelo, de cuyo barrido y fregado me había preocupado con gran atención. Todo me pareció estar bien y merecer alabanza, y recordé una ocasión en que el amo anciano -que solía revisarlo todo por sí mismo en casos
como aquél-, viendo lo bien que estaba todo, me había regalado un chelín, llamándome a la vez «buena moza». Luego pensé en el cariño que él había sentido hacia Heathcliff y en el temor que tenía de que fuera abandonado al faltar él, y pensando en la situación presente del muchacho, casi me dieron ganas de ponerme a llorar. Considerando, después, que mejor que lamentar sus desdichas sería procurar remediarlas, me levanté y fui al patio en su busca. Le encontré enseguida: estaba en la cuadra cepillando el lustroso pelo de la jaca nueva y dando el pienso a los demás animales.
-Date prisa -le animé -. La cocina está muy confortable, y José se ha ido a su cuarto. Procura acabar pronto, para vestirte decentemente antes de que salga la señorita Catalina. Así podréis estar juntos, y charlar al lado de la lumbre hasta la hora de retirarse.
Él siguió haciendo su faena.
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