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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.36

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Hicimos entonces un ruido espantoso para asustarles más aún, y luego nos soltamos de la ventana y echamos a correr, porque oímos que alguien procuraba abrirla. Yo llevaba a Catalina de la mano, y le decía que se apresurase, cuando de pronto cayó al suelo. «¡Co rre, Heathcliff! -me dijo-. Han soltado al perro, y me ha agarrado.» El animal la había cogido por el tobillo. Le oí gruñir. Catalina no gritó. Le había parecido despreciable gritar aunque se hubiese visto entre los cuernos de un toro bravo. Pero yo sí grité. Lancé tantas maldiciones que habría bastante con ellas para espantar a todos los diablos del infierno. Luego cogí una piedra, y la metí en la boca del animal tratando furiosamente de introducírsela en la garganta. Salió un animal de criado con un farol y gritó: «¡Sujeta fuerte, Espía, sujeta
fuerte!» Pero cuando vio en que situación se hallaba el perro, cambió de tono. El animal tenía un palmo de lengua fuera de la boca y sangraba a borbotones por el hocico. El hombre cogió a Catalina, que estaba medio desvanecida, no de miedo, sino de disgusto, y se la llevó, seguido por mí, que profería toda clase de insultos y amenazas de vengarme.
»-¿A quién habéis capturado, Roberto? -preguntó Linton desde la puerta.
»-El perro ha cogido a una niña, señor -repuso el criado- y aquí hay también un rapaz que me parece que no tiene desperdicio -añadió sujetándome-. Seguramente los ladrones se proponian hacerles entrar por la ventana para que abriesen la puerta cuando estuviéramos dormidos, y poder así asesinarnos impunemente. ¡Calla la lengua, maldito ladronzuelo! Esta hazaña te costará la horca. No suelte la escopeta, señor Linton.
»-No la suelto, Roberto -contestó el viejo mente cato-. Los bandidos habrán logrado enterarse de que ayer fue día de cobro y les habrá parecido buena ocasión. ¡Entrad, entrad, que los recibiremos bien! Juan: echa la cadena. Eugenia: dale agua al perro. ¡Han venido a meterse en la boca del lobo! ¡Y en domingo nada menos! ¡Qué insolencia! Mira, querida María: es un niño, no temas. Pero tiene tan mala facha, que se haría un bien a la socie dad ahorcándole antes de que realice los crímenes que ha de cometer a juzgar por su jeta.
»-¡Qué horrible! Enciérrale en el sótano, papá. Se parece al hijo de la gitana que me robó mi faisancito domesticado.


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