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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.23

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En la portería no había nadie, y recorrer las dos millas que me quedaba por andar hasta la granja me costó dos horas, dadas las muchas veces que erré el camino, extraviándome en la arboleda, y hundiéndome en nieve hasta la cintura. Era mediodia cuando llegué a mi casa.
El ama de llaves y sus satélites acudieron con alborozo a recibirme, y me aseguraron que me daban por muerto y que pensaban en ir a buscar mi cadáver entre la nieve. Les aconseje que se calmaran, puesto que al fin había regresado. Subí dificultosamente la escalera y entré en mi habitación. Estaba entumecido hasta los huesos. Me cambié de ropas y paseé por la estancia treinta o cuarenta minutos para entrar en calor, y luego me instalé en el despacho, tal vez apartado en exceso del buen fuego y el confortante café que el ama de llaves me preparo.

CAPÍTULO IV
El ser humano es tornadizo como una veleta. Yo, que había resuelto mantenerme al margen de toda sociedad humana y que agradecía a mi buena estrella el haber venido a parar a un sitio donde mis propósitos podían realizarse plenamente; yo, desdichado de mí, me vi obligado a arriar bandera después de aburrirme mortalmente durante toda la tarde, y, pretextando interés por conocer detalles relativos a mi alojamiento, pedí a la señora Dean, cuando me trajo la cena, que se sentase un momento con el propósito de entablar con ella una plática que me animase o me acabara de aburrir.
-Usted vive aquí hace mucho tiempo -empecé-. Me dijo que dieciséis años, ¿no?
-Dieciocho, señor. Vine al servicio de la señora, cuando se casó. Al faltar la señora, el señor me dejó de

ama de llaves. -¡Ah! Hubo una pausa. Pensé que le gustaban los comadreos. Pero, al cabo de algunos instantes, exclamó poniendo las manos sobre las rodillas, mientras una
expresión meditativa se pintaba en su rostro: -Los tiempos han cambiado mucho desde entonces. -Claro -dije-. Habrá asistido usted a muchas
modificaciones... -Y a muchas tristezas. «Procuraremos que la conversación recaiga sobre la familia de mi casero -pensé-. ¡Debe ser un tema
entretenido! Me gustaría saber la historia de aquella bonita viuda, averiguar si es del país o no, lo cual me parece lo más probable, ya que aquel grosero indígena no la reconoce como de su raza.


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