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Cumbres Borrascosas (Emily Bronte) - pág.10

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Pero la señora Heathcliff se me adelantó
-¡Viejo hipócnta! ¿No temes que el diablo te lleve cuando pronuncias su nombre? Te advierto que se lo pediré al demonio como especial favor si no dejas de provocarme. ¡Y basta! Mira -agregó, sacando un libro de un estante-: Cada vez progreso más en la magia negra. Muy pronto seré maestra en la ciencia oculta. Y, para que te enteres, la vaca roja no murió por casualidad, y tu reumatismo no es una prueba de la bondad de la Providencia...
-¡Cállese, perversa! -clamó el viejo-. ¡Dios nos libre de todo mal!
-¡Estás condenado, réprobo! Sal de aquí si no quieres que te haga un mal de veras. Voy a modelar muñecos de barro o de cera que os reproduzcan a todos, y al primero que se extralimite .... ya verás lo que le haré... Se acordará de mí... Vete... ¡Que te estoy mirando!
Y la linda bruja puso tal expresión de malignidad en sus ojos, que José salió precipitadamente, rezando y temblando, mientras murmuraba:
-¡Malvada, malvada!
Presumí que la joven había querido gastar al viejo una broma lúgubre y, en cuanto nos quedamos solos, quise interesarla en mi cuita.
-Señora Heathcliff -dije con seriedad-: perdone que la moleste. Una mujer con una cara como la de usted tiene necesariamente que ser buena. Indíqueme alguna señal, algún jalón de límite de propiedades que me sirvan para conocer el camino de mi casa. Tengo tanta idea de por donde se va a ella como la que usted pueda tener de por donde se va a Londres.
-Vuélvase por el mismo camino que vino -me contestó, sentándose en una silla, y poniendo ante sí el libro y una bujía-. El consejo es muy simple, pero no puedo darle otro mejor.
-En ese caso, si mañana le dicen que me han hallado muerto en una ciénaga o en un hoyo lleno de nieve, ¿no le remorderá la conciencia?
-¿Por qué había de remorderme? No puedo acompañarle. Ellos no me dejarían ni siquiera ir hasta la verja.
-¡Oh! Yo no le pediría por nada del mundo que saliese, para conveniencia mía, en una noche como ésta. No le pido que me enseñe el camino, sino que me lo indique de palabra o que convenza al señor He athcliff de que me proporcione un guía.
-¿Un guía? En la casa no hay nadie más que él mismo, Hareton, Zillah, José y yo.


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