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Hacia el abismo (Alfonso Daudet) - pág.12

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Página 12 de 164


con ella.
El portero no parecía dispuesto a creerle, y el joven aña-
dió fingiendo no notarlo:
-¿Conoce usted a ese invitado?
-No le he visto nunca; pero su nombre figura en la lista
de nuestros huéspedes. Si quiere usted verla...
-Voy a hacerlo -respondió Dalassene sin dejarle acabar.
Pasó la verja delante del portero y llegó antes que él a un
pabelloncito que había en la entrada del jardín. Como la no-
che iba cerrando, el cerbero encendió una candela y levan-
tándola hasta el cuadro colgado en la pared, puso el dedo en
el último de los nombres que había allí escritos.
-¿Puede usted leer?-dijo.
Los ojos de Dalassene siguieron la dirección del dedo, y,
de repente, expresaron una estupefacción que tradujo al
mismo tiempo el grito que le arrancaba el nombre que estaba
leyendo y que era el de Ninart de Mausabré.

E R N E S T O D A U D E T

18

¡Su abuelo en Turín, llegado sin duda al mismo tiempo
que él! ¡Qué rara y turbadora coincidencia! ¿Con qué objeto
había ido al Piamonte, cuando su nieto, que sabía que no
había querido emigrar, le creía en París o en sus tierras de
Normandía? ¿Era una circunstancia fortuita la que lo había
reunido con Lucía o no había hecho ese viaje más que para
verla?
¡Verla! ¿Para qué? Sin duda, durante el período de los
esponsales, cuando iba a ser su nieta, el anciano se había
mostrado tiernamente afectuoso con ella, había apreciado sus
méritos y manifestándole su confianza en las formas más de-
licadas. Pero no habiéndose verificado el casamiento que él
deseaba tan vivamente y habiéndose convertido Lucía en
mujer del conde de Entremont, no podía ser más que una
extraña para Mausabré.
Su encuentro no se explicaba más que como debido al
azar y al azar, en efecto, le atribuía Dalassene. Pero esta supo-
sición no podía disipar la turbación que le había producido
el temor de encontrarse en presencia de su abuelo y de oír de
nuevo sus acusaciones y su maldición. Dominado por ese


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