Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Cartas desde mi molino (Alfonso Daudet)

Cartas desde mi molino (Alfonso Daudet) - pág.35

Indice General | Volver

Página 35 de 111


siniestro. Allí desembarcaron al pobre Palombo.
¡Triste asilo para un enfermo! Encontramos al
aduanero disponiéndose a comer al amor de la lum-
bre, con su mujer y sus hijos. Todas aquellas gentes
tenían caras pálidas, amarillentas, grandes ojos
sombreados por la fiebre. La madre, joven aun, con
un niño de pechos en los brazos, tiritaba al hablar
con nosotros.
-Es un puesto terrible -me dijo en voz baja el
inspector. -Nos vemos en el caso de relevar nues-
tros aduaneros cada dos años. La fiebre de las ma-
rismas los devora.
No obstante, tratábase de ir en busca de un mé-
dico. No había ninguno antes de llegar a Sartène, es
decir, a seis ú ocho leguas de allí. ¿Cómo arreglár-
selas? Nuestros marineros ya no podían más, estaba
demasiado lejos para enviar a uno de los niños.
Entonces la mujer, inclinándose fuera, llamó:
-¡Ceceo!... ¡Ceceo!
Y vimos entrar un mocetón muy fornido, ver-
dadero tipo de cazador en vedado o de bandito, con
su gorro de lana parda y su pelone de pelo de cabra.
Al desembarcar había reparado ya en él,´ viéndole

C A R T A S D E M I M O L I N O

61

sentado a la puerta, con su pipa roja entre los dien-
tes y un fusil entre las piernas, pero no sé por qué,
había huido al aproximarnos. Quizá creyera que
iban gendarmes con nosotros. Cuando entró, rubo-
rizóse un poco la aduanera.
-Es mi primo -nos dijo. -No hay cuidado que
éste se pierda entre la espesura.
Después le habló en voz baja, señalándole el en-
fermo. Inclinóse el hombre sin rechistar, silbó a su
perro y echó a correr a todo escape, escopeta al
hombro, saltando de peña en peña con sus largas
zancas.
Durante ese tiempo, los niños, a quienes parecía
aterrar la presencia del inspector, acabaron pronto
de comer las castañas y el brucio (queso blanco). ¡Y
siempre agua, nada más que agua en la mesa! Sin
embargo, para esos pequeñuelos ¡hubiera venido
tan bien un trago de vino! ¡Ah, miseria! Al cabo, la


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-111  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados