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La otra vuelta de tuerca (Henry James) - pág.48

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Ella no se lo prohibía.
   Reflexioné un momento.
   -¿Fue ésta la justificación que Miles dio a usted?
   Ella seguía estando reticente.
   -No, nunca me dijo esto.
   -¿Nunca mencionó a la señorita Jessel en relación con Quint?
   La señora Grose advirtió qué era lo que me proponía saber, y enrojeció violentamente:
   -Bueno, nunca mostró saber nada. Negaba -repitió-. ¡Negaba!
   ¡Dios mío, cómo la apremié en esa ocasión!
   -¿De modo que pudo ver que estaba enterado de lo existente entre aquellos dos bribones?
   -No lo sé... ¡No lo sé! -gimió la pobre mujer.
   -¡Claro que lo sabe, querida! -repliqué-, sólo que nunca ha tenido la suficiente audacia para confesárselo, y lo ha mantenido oculto, por timidez, por modestia y por delicadeza, a pesar de que en el pasado, cuando tenía usted que navegar sin mi ayuda, en silencio, todo esto debe de haberla hecho muy infeliz. Pero yo necesito saberlo y usted me lo va a decir. ¿Había algo en el niño que hiciese creer que él ocultaba y protegía esas relaciones?
   -¡Oh, él no podía impedir...!
   -Que usted se enterase de la verdad, ¿no es así? ¡Santo cielo! -exclamé con vehemencia-. ¡Eso demuestra hasta qué grado lo dominaban! ¿Qué hicieron con él?
   -Cualquier cosa que hayan hecho, no le impide ser ahora un niño agradable -adujo la señora Grose lúgubremente.
   -Ahora no me extraña que se portara usted de un modo tan raro -persistí- cuando le mencioné la carta que recibí de la escuela.
   -Dudo que me haya portado más raramente que usted -me respondió con fiero orgullo-. Si era tan malo entonces, como parece usted insinuar, ¿por qué es ahora un ángel?
   -En efecto, así es... Si era un demonio en la escuela, ¿cómo, cómo, cómo...? Bien -dije atormentada-, vuelva a decirme esto y le aseguro que no la molestaré en varios días. ¡Pero dígamelo de nuevo! -grité de un modo que hizo estremecer a mi amiga-. Hay ciertas direcciones que, por el momento, creo más prudente no seguir.
   Entretanto, volví a su primer ejemplo, aquel al que anteriormente se había referido, sobre la capacidad del niño para moverse furtivamente cuando le era preciso.


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