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La otra vuelta de tuerca (Henry James) - pág.43

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   -La señorita Jessel... era una mujer infame.
   Una vez más tomó mi mano entre las suyas estrechándola con fuerza, como si quisiera fortalecerme contra el aumento de inquietud que podía producirme su discurso.
   -Ambos eran infames -dijo finalmente.
   Así, durante un rato, volvimos a contemplar juntas la situación; y sentí que con su valiosa ayuda podía ahora verla con mayor claridad.
   -Aprecio su pudor al no hablarme hasta ahora de ellos; pero creo que ha llegado el momento de que me cuente todo -ella pareció asentir a mi petición, pero se mantuvo en silencio, por lo cual agregué-: Debo saberlo. ¿De qué murió? Dígame, ¿había algo entre ellos?
   -Había todo lo que podía haber.
   -¿A pesar de las diferencias...?
   -A pesar de todo, de su rango, de su condición -exclamó-. Ella era una dama.
   Creí comprender.
   -Sí..., era una dama.
   -Y él era atrozmente plebeyo -dijo la señora Grose.
   Sentí que, indudablemente, no necesitaba precisar demasiado ante mi compañera el lugar de un sirviente en la escala social; pero no había nada que me impidiera aceptar por buena la opinión expresada por ella respecto al rebajamiento de mi predecesora. Había un medio de enfrentarse a la situación y yo la adopté; lo hice instantáneamente, pues tenía una completa visión, basada en pruebas del difunto hombre "de confianza" de mi patrón: un individuo astuto, bien parecido, impúdico, seguro de sí mismo, vicioso, depravado.
   -Aquel individuo era un sinvergüenza.
   La señora Grose consideró mi afirmación y luego, aceptándola, añadió:
   -No he conocido a ninguno como él. Hacía lo que quería.
   -¿Con ella?
   -Con todos ellos.
   Fue como si ante los ojos de mi amiga hubiera vuelto a aparecer la señorita Jessel. Por un instante, me pareció que la evocaba tan claramente como yo la había visto en el estanque; y entonces afirmé con decisión:
   -¡Debió de ser también lo que ella deseaba!
   El rostro de la señora Grose reveló que, en efecto, así había sido, pero al mismo tiempo dijo:
   -¡Pobre mujer.


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