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La otra vuelta de tuerca (Henry James) - pág.42

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.. a una niña tan pequeña!
   -¿No es ello una prueba de su bendita inocencia? -inquirió valientemente mi amiga.
   Por un instante, me dejó casi sin aliento.
   -¡Ay! Debemos aferrarnos a eso... Si no es una prueba de lo que usted dice... es entonces una prueba de... ¡Sólo Dios sabe de qué! Porque aquella mujer es el horror de los horrores.
   La señora Grose clavó entonces la mirada en el suelo; después de unos instantes la levantó para pedirme:
   -Dígame cómo lo supo.
   -Entonces, ¿admite usted que lo era? -grité.
   -Dígame cómo lo supo -repitió sencillamente mi compañera.
   -¿Cómo lo supe? ¡Sólo con verla! Por la manera como miraba.
   -¿Por la manera como la miraba a usted? ¿Malévolamente?
   -No, no, querida... Eso lo hubiera podido soportar. No me dirigió siquiera una mirada. Tenía la vista fijada en la niña.
   -¿Fijada en ella?
   -¡Oh, sí, y con qué espantosos ojos!
   La señora Grose contempló los míos como si realmente pudieran parecerse a los de la aparición.
   -¿De disgusto, quiere usted decir?
   -¡No, santo cielo, no! De algo mucho peor.
   -¿Peor que el disgusto?
   Aquello dejó completamente desorientada a la buena mujer.
   -Con una determinación indescriptible; con una especie de furia en la intención...
   Palideció ante mis palabras.
   -¿En la intención?
   -Sí, de apoderarse de ella.
   Los ojos de la señora Grose se desorbitaron al contemplarme... Se estremeció y caminó hacia la ventana; y, mientras permanecía allí mirando hacia el exterior, yo terminé mi declaración:
   -Y eso es lo que Flora sabe.
   Al cabo de un rato dio media vuelta.
   -¿Dice usted que esa persona vestía de negro?
   -De luto... Bastante pobremente, casi de harapos. Pero, eso sí, su belleza era extraordinaria.
   Reconozco ahora que, después de tantos golpes, debí de haber convencido a la víctima de mis confidencias, pues en esos momentos sopesaba ya visiblemente sus palabras.
   -¡Oh, sí, era muy hermosa! -insistí-. Maravillosamente hermosa. Pero infame.
   La señora Grose se me acercó lentamente.


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