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La otra vuelta de tuerca (Henry James) - pág.40

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Observé que estaba intensamente ocupada tratando de colocar el palo en su sitio. Mi temor ante lo que estaba haciendo me contuvo hasta que, después de unos segundos, sentí que podía enfrentarme ya con lo demás. Entonces levanté la mirada... y me encaré con lo que debía desafiar.

VII

   Después de aquello, fui en busca de la señora Grose tan pronto como pude hacerlo; y me resultaba imposible relatar cómo pasé el intervalo. Todavía me parece oírme gritar, en cuanto me arrojé en sus brazos:
   -¡Lo saben! ¡Oh, es demasiado monstruoso! ¡Ellos lo saben, lo saben!
   -¿Qué es lo que saben...?
   Advertí su incredulidad mientras me sostenía en sus brazos.
   -Bueno, lo que nosotras sabemos... ¡Y sólo el cielo podría decirnos qué más!
   Luego, soltándome de su abrazo y luchando por recobrar la coherencia, añadí:
   -¡Hace un par de horas, en el jardín... -apenas podía articular las palabras-, Flora lo vio!
   La señora Grose recibió la noticia como si le hubieran dado un golpe en el estómago.
   -¿Se lo dijo ella? -gimió.
   -Ni una palabra... Esto es lo monstruoso. ¡Se lo ha reservado! ¡Una niña de ocho años! ¡Esa niña!
   Aún no salía de la estupefacción que aquello me había producido.
   La señora Grose, por supuesto, se sorprendió aún más.
   -Entonces, ¿cómo lo sabe usted?
   -Yo estaba allí... Lo vi con mis propios ojos: vi que ella era perfectamente consciente de su presencia.
   -¿Consciente de la presencia de él?
   -No.... de ella.
   Y, mientras hablaba, me di cuenta de que estaba asomándome a cosas prodigiosas, pues obtuve un tenue reflejo de ellas en el rostro de mi compañera.
   -Esta vez era otra persona..., una figura de inconfundible maldad: una mujer vestida de negro, pálida y horrible... ¡Oh, qué aire el suyo, qué cara...! Estaba del otro lado del lago. Yo estaba allí con la niña, muy tranquila en ese momento, cuando de repente apareció.
   -¿Apareció? ¿De dónde?
   -¡De donde ellos aparecen! El hecho es que apareció y permaneció allí.


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