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La otra vuelta de tuerca (Henry James) - pág.18

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Era de una hermosura sin par, y la señora Grose lo había descrito perfectamente: su presencia lo derribaba todo, excepto una especie de apasionada ternura hacia él. Lo que entonces me arrebató el corazón fue ese algo divino que nunca he visto, ni antes ni después, en ningún otro niño; aquel aire indescriptible de no saber nada de las cosas de este mundo, fuera del amor. Resultaba imposible asociar una mala fama con semejantes dulzura e inocencia, y mientras volvía yo con él a Bly no hacía más que pensar con estupor, con una sensación casi de ultraje, en el significado de la carta que guardaba encerrada en una gaveta de mi cuarto. Tan pronto como pude cambiar unas palabras con la señora Grose, le manifesté mi asombro: aquello era grotesco. Ella me comprendió en seguida.
   -¿Se refiere usted a ese cruel cargo contra el niño?
   -Es imposible sostenerlo un solo instante. ¡Mírelo usted, querida amiga!
   La señora Grose sonrió ante mi pretensión de haber descubierto el encanto del chiquillo.
   -Puedo asegurarle, señorita, que yo no he creído una sola palabra -e inmediatamente añadió-: ¿Qué va a decirles ahora?
   -¿En respuesta a la carta? -yo ya había tomado para entonces una decisión-. ¡Nada!
   -¿Y a su tío?
   Fui tajante.
   -¡Nada!
   -¿Y al niño?
   Estuve maravillosa.
   -¡Nada!
   La señora Grose se llevó a la boca la punta de su delantal.
   -Yo estoy de su lado, señorita -afirmó-. Procuraremos arreglarlo todo.
   -¡Lo arreglaremos! -exclamé ardientemente, tendiéndole la mano para sellar nuestro juramento.
   La señora Grose retuvo mi mano un momento y luego volvió a llevarse el delantal a la boca con la mano que le quedaba libre.
   -¿Le importaría, señorita, que me tomara la libertad...?
   -¿De besarme? ¡Por supuesto que no!
   Estreché entre mis brazos a la buena señora y, después de habernos besado como hermanas, me sentí aún más fortalecida e indignada.
   Al recordar esos días -tan densos que al describirlos veo lo difícil que resulta hacer que se entiendan claramente- lo que más me asombra es la situación que acepté.


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