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La otra vuelta de tuerca (Henry James) - pág.15

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De pronto me di cuenta de que, para igualar a mi compañera, yo misma exclamaba en tono sarcástico:
   -¡Sí! ¡Para sus pobres e inocentes compañeros!
    -¡Es espantoso -gritó la señora Grose- que puedan decir cosas tan crueles! ¡El niño no ha cumplido siquiera los diez años!
   -Sí, sí, es increíble.
   La señora Grose, evidentemente, estaba agradecida por mi apoyo.
   -Ante todo, señorita, véale; entonces podrá juzgar por sí misma.
   Sentí una nueva impaciencia por conocerlo; fue el principio de una curiosidad que en las siguientes horas alcanzaría una intensidad casi dolorosa. La señora Grose era consciente del efecto que habían producido en mí sus palabras y añadió, para reforzar el efecto:
   -¡Imagine que dijeran eso de nuestra jovencita...! -para concluir, un instante después-: ¡Mírela!
   Volví la cabeza y vi que Flora, a quien diez minutos antes había dejado en el salón de clases con una hoja de papel blanco, un lápiz y una plana de hermosas y redondas oes, se encontraba en ese momento bajo el dintel de la puerta. Manifestaba en sus modales un extraordinario desprecio hacia las tareas que le resultaban desagradables, mirándome, sin embargo, de un modo que parecía demostrar que aquel desprecio obedecía al afecto que yo le inspiraba y que la obligaba a seguirme. No fue necesario más para que yo sintiera toda la fuerza de la comparación de la señora Grose; y, abrazando a mi discípula, la cubrí de besos con un suspiro de reparación.
   A pesar de todo, durante el resto del día aceché otra ocasión para acercarme a mi colega, especialmente cuando, hacia el atardecer, comencé a sospechar que ella estaba tratando de evitarme. Recuerdo que la abordé en el rellano de la escalera; bajamos juntas y, al llegar abajo, la detuve poniéndole una mano sobre el brazo.
   -Considero lo que me dijo este mediodía como una declaración de que usted nunca ha sabido que se portara mal.
   La señora Grose echó hacia atrás la cabeza; ya para entonces había adoptado muy claramente una actitud, aunque de la manera más honesta posible.


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