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La otra vuelta de tuerca (Henry James) - pág.14

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Lamenté no haberlo hecho a la mañana siguiente, pues aquella lectura me produjo la segunda noche de insomnio. A la mañana siguiente, sin nadie a quien recurrir en busca de consejo, me sentí presa de la aflicción; finalmente, logré sobreponerme al abatimiento y decidí que lo mejor sería sincerarme, por lo menos, con la señora Grose.
   -¿Qué significa eso? ¡El niño ha sido expulsado de la escuela!
   La mirada que me lanzó fue muy extraña, pude advertirlo; luego, haciendo un visible esfuerzo para disimular, pareció serenarse.
   -Pero, ¿no los envían a todos...?
   -¿A casa...? Sí. Pero sólo durante las vacaciones. En cambio, Miles nunca podrá volver.
   La señora Grose enrojeció.
   -¿No lo aceptarían?
   -Se niegan terminantemente a readmitirlo.
   La buena mujer alzó los ojos, que había mantenido bajos; vi que estaban llenos de lágrimas.
   -¿Qué ha podido hacer?
   Dudé un instante, y luego juzgué preferible pasarle la carta. Cuando se la tendí, ella se llevó las manos a la espalda, movió tristemente la cabeza y me dijo:
   -Esas cosas no son para mí, señorita.
   ¡Mi consejera no sabía leer! Parpadeé al advertir mi error, que traté de atenuar de la mejor manera posible, volví a abrir el sobre y le leí la carta; luego la guardé de nuevo en el bolsillo.
   -¿Es realmente malo? -le pregunté.
   Tenía aún los ojos llenos de lágrimas.
   -¿Dicen eso los caballeros?
   -No entran en detalles. Simplemente declaran que es imposible que el niño continúe en la escuela. Eso sólo puede significar una cosa...
   La señora Grose escuchaba con reconcentrada emoción; pero, en vista de que no me preguntaba qué podía significar, y tratando de expresar mis pensamientos de la manera más coherente, añadí:
   -Que su presencia constituye una ofensa para los otros alumnos.
   Al oir aquello, con uno de esos rápidos cambios emocionales típicos del pueblo, se enardeció.
   -¡El señorito Miles! ¿Una ofensa, él?
   La influencia de su buena fe fue tal que, aunque yo no había visto todavía al niño, la idea llegó a parecerme absurda.


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