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La otra vuelta de tuerca (Henry James) - pág.11

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Vigilar, enseñar, "formar" a la pequeña Flora sería, evidentemente, el objeto de un vida feliz y útil. Había quedado convenido entre nosotras que a partir de la siguiente noche dormiría en mi cuarto, y su pequeña cama blanca había sido ya instalada en mi habitación. Me había yo comprometido a cuidarla por completo, así que ella durmió por última vez en el cuarto de la señora Grose sólo en atención a mi inevitable extrañeza del lugar y a su natural timidez. No obstante aquella timidez -sobre la cual la misma niña, de la manera más extraña del mundo, había hablado con perfecta naturalidad, mencionándola sin ninguna señal de azoramiento y con la profunda y dulce serenidad de uno de los niños dioses de Rafael, permitiendo que se la discutiera, se la imputara a ella y nos determinara-, tuve la seguridad de que no tardaría en simpatizar conmigo. En parte, ya la señora Grose me gustaba por el placer que pude observar en ella por el hecho de que yo me admirara y sorprendiera cuando nos sentamos a la mesa con cuatro candelabros y con mi alumna colocada frente a mí en una silla alta y con el rostro brillante. Por supuesto, había cosas que, estando presente Flora, tenían que resolverse entre nosotras a través de ciertas miradas cargadas de sentido o por medio de alusiones oscuras y furtivas.
   -Y, el niño... ¿se parece a ella? ¿Es también tan notable?
   Sabía que no se debe alabar a un niño en su presencia.
   -¡Oh, señorita, es todavía más notable! Si tiene usted una buena opinión de esta criatura... ¡imagine! -y se interrumpió sosteniendo una fuente en la mano, mientras la niña nos miraba con una plácida expresión en los ojos.
   -¿Qué debo imaginar?
   -¡Nuestro pequeño caballero la va a fascinar!
   -Muy bien, muy bien; creo que para eso he venido... para que alguien me fascine. Lo que me temo -no pude evitar añadir- es que resulto muy fácil de fascinar. Y creo que ya me ocurrió eso en Londres.
   Puedo ver aún la ancha cara de la señora Grose al oírme decir aquellas palabras.


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