Imperio ruso bajo Pedro El Grande (Voltaire) - pág.48
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dedos. Ninguna sociedad, por lo demás, es más ordenada
ni más severa en sus costumbres; viven como
los cuáqueros, pero no admiten, como ellos, a
los demás cristianos en sus asambleas; esto es lo que
ha hecho que los demás les hayan imputado todas
las abominaciones de que han acusado los paganos
a los primeros galileos, con que éstos han abrumado
a los gnósticos, y los católicos a los protestantes. Se
les ha imputado frecuentemente el degollar a un niño,
beber su sangre y mezclarse juntos en sus ceremonias
secretas, sin distinción de parentesco, de
edad ni aun de sexo. Algunas veces se les ha perse-
guido; entonces ellos se encerraron en sus poblados,
o han prendido fuego a sus casas y se arrojaron a las
llamas. Pedro siguió con ellos el único partido que
podía reducirlos: el de dejarles vivir en paz.
Por lo demás, no hay en un imperio tan vasto
más que veintiocho sedes episcopales, y en tiempo
de Pedro sólo contaban con veintidós; este pequeño
número fue acaso una de las causas que mantu67
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vieron a la Iglesia rusa en paz. Esta Iglesia, por otra
parte, era tan poco instruida, que el zar Fedor, her-
mano de Pedro el Grande, fue el primero que introdujo
el canto Dano en ella.
Fedor, y sobre todo Pedro, admitieron indiferentemente
en sus ejércitos y en sus consejos a, los
de rito griego, romano, luterano, calvinista; dejaron
a cada uno en libertad de seguir a Dios según su
conciencia, siempre que el Estado estuviese bien
servido. No había en este imperio, de dos mil leguas
de largo, ninguna iglesia latina. Solamente, cuando
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