Imperio ruso bajo Pedro El Grande (Voltaire) - pág.26
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enganchan a sus trineos. Viven en cavernas, en chozas,
en medio de la nieve8; pero, por otra parte, la
Naturaleza ha puesto entre esta especie de hombres
y los lapones diferencias muy marcadas. Me han
asegurado que su mandíbula superior es más prominente
al nivel de su nariz; sus orejas son más salientes.
Los hombres y las mujeres no tienen pelo
más que en la cabeza; el pezón es negro como el
ébano. Los lapones y las laponas no tienen ninguno
de estos caracteres. Me advierten, en Memorias enviadas
de estos países tan poco conocidos, que se
han engañado en la hermosa historia natural del
jardín del rey cuando, hablando de tantas cosas curiosas
referentes a la naturaleza humana, han con7Memorias
enviadas de Petersburgo.
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fundido la especie de los lapones con la de los samoyedos.
Hay muchas más razas de hombres de lo
que se piensa. Las de los samoyedos y los hotentotes
parecen los dos extremos de nuestro continente;
y si se fija la atención en los pezones negros de las
mujeres samoyedas y en el delantal que la Naturaleza
ha concedido a las hotentotas, que desciende,
según dicen, hasta la mitad de sus muslos, se tendrá
una idea de las variedades de nuestra especie animal,
variedades ignoradas en nuestras ciudades, donde
casi todo es desconocido, a excepción de lo que nos
rodea.
Los samoyedos tienen en su moral singularidades
tan grandes como en lo físico: no rinden culto
alguno al Ser Supremo; se acercan al maniqueísmo,
o, más bien, a la antigua religión de los magos, solamente
en que reconocen la existencia de un principio
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