El mundo tal como va (Voltaire) - pág.21
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los placeres. Teona hacía de reina. Sabía tratar a todos a gusto de cada
uno. Su ingenuo natural facilitaba que brillase el de los otros. Complacía
casi sin pretenderlo. Era tan amable como bienhechora, y, además, era
bella, lo que aumentaba el valor de todas sus cualidades.
Babuc, a pesar de ser un escita y enviado de una deidad, se dio cuenta
de que si permanecía por más tiempo en Persépolis, olvidaría a Ituriel,
pensando en Teona. Tomaba cariño a la ciudad, ya que la gente era cortés,
dulce y bienhechora, aunque ligera de cascos, murmuradora y cargada de
vanidad. Temía que Persépolis sería condenada, como también temía el
informe que iba a presentar.
Ahora veremos cómo se las ingenió para dar cuenta de su misión. Hizo
fundir, por el mejor fundidor de la ciudad, una estatuilla compuesta por
todos los metales, tierras y piedras más preciosas y más viles, y la llevó
a Ituriel, a quien dijo:
-¿Vais a destruir esta hermosa estatua porque no está hecha
exclusivamente de oro y de diamantes?
Ituriel entendió el significado de la pregunta y decidió no pensar más
en el mundo tal como va y dijo:
-Pues si todo no está bien por lo menos es pasadero.
Se dejó subsistir a Persépolis, y Babuc se guardó muy bien de
quejarse, al contrario de Jonás, que se enfadó porque no se destruía
Nínive. Pero cuando se ha permanecido tres días en el cuerpo de una
ballena, no se está de tan buen humor como cuando se ha pasado el tiempo
en la ópera, en la comedia y cenando con buena compañía.
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