El mundo tal como va (Voltaire) - pág.18
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grandes magistrados y héroes. Perdonaba la envidia de los literatos, entre
los cuales había hombres que ilustraban al mundo; se reconciliaba con los
magos ambiciosos e intrigantes, en casa de los cuales dominaban más las
grandes virtudes que los pequeños vicios; pero le quedaban muchas cosas
por las que no podía transigir; sobre todo, las galanterías de las damas y
los perjuicios que de éstas podían derivarse le llenaban de inquietud y de
espanto.
Con objeto de hacerse cargo de las distintas condiciones humanas, se
hizo conducir a casa de un ministro; pero por el camino temblaba al pensar
que alguna mujer pudiera ser asesinada por su marido. Cuando hubo llegado
a casa del hombre de Estado, tuvo que hacer antecámara durante dos horas
sin ser anunciado, y dos horas más después de serlo. Durante aquel
intervalo de tiempo, no cesaba de pensar que recomendaría el ministro y
sus insolentes ujieres al ángel Ituriel. La antecámara estaba llena de
damas de todas las alcurnias, de magos de todos los colores, de jueces, de
comerciantes, de oficiales y de pedantes; todos se quejaban del ministro.
El avaro y el usurero decían:
-No cabe duda de que este hombre roba de todas las provincias.
Los caprichosos le echaban en cara sus extravagancias. Los voluntarios
decían:
-Solamente vive para sus placeres.
El intrigante se complacía esperando verle pronto hundido por alguna
cábala; las mujeres aguardaban poder tratar con un ministro más joven.
Babuc, que escuchaba todos estos comentarios, no pudo por menos que
decir:
-He aquí a un hombre de suerte. Tiene la antecámara llena de enemigos.
Con su poder aplasta a los que le envidian y contempla a sus pies a todos
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