El mundo tal como va (Voltaire) - pág.13
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Cada una decía en concreto: "Conservadnos y destruid las otras". Según
manifestaban, todas aquellas instituciones eran indispensables; de acuerdo
con sus acusaciones recíprocas, todas merecían ser aniquiladas. Le admiró
ver que todas, en su deseo de edificar el universo, querían dominarlo por
completo. Entonces se le presentó un hombrecito que era medio mago y dijo:
-Veo perfectamente que se va a cumplir la obra, pues Zerdust ha vuelto
a la tierra; las muchachitas profetizan haciéndose dar pellizcos por
delante y latigazos por detrás. Así, pues, os pedimos vuestra protección
contra el gran lama.
-¡Cómo! -dijo Babuc-. ¿Contra ese pontífice que reside en el Tibet?
-Contra el mismo.
-¿Es que le hacéis la guerra y habéis reclutado tropas para luchar
contra él?
-No, pero ha dicho que el hombre es libre y nosotros no lo creemos;
escribimos pequeños libros contra él, que personalmente no lee. Apenas ha
oído hablar de nosotros; sólo nos ha hecho condenar, como un amo ordenaría
que descopasen los árboles de sus jardines.
Babuc se maravilló de la locura de aquellos hombres que hacen
profesión de sabiduría, de las intrigas de los que han renunciado al
mundo, de la ambición y codicia orgullosa de los que enseñan la humanidad
y el desinterés; concluyó creyendo que Ituriel tenía sus buenas razones
para querer destruir a toda aquella estirpe.
Una vez en su casa, Babuc envió a buscar nuevos libros para distraer
su mal humor, y convidó a algunos literatos a comer para regocijarse un
poco. Comparecieron el doble de los que había invitado, como las avispas
atraídas por la miel. Aquellos parásitos se apresuraron a comer y a
hablar; alababan dos clases de personas: los difuntos y ellos mismos; y
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