El mundo tal como va (Voltaire) - pág.10
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asistido a un sumario. Babuc se dijo:
"He aquí a un hombre que ha hecho todo lo posible para aburrir a
doscientos o trescientos de sus conciudadanos, pero la intención ha sido
buena, y por tal motivo no debe destruirse a Persépolis."
Al salir de aquel templo, fue llevado a una fiesta pública que se
celebraba todos los días del año; tenía lugar en una especie de basílica,
en el fondo de la cual se divisaba un palacio. Las más hermosas ciudadanas
de Persépolis y los sátrapas de más categoría, alineados con orden,
formaban un espectáculo tan bello, que Babuc creyó que toda la fiesta
consistía en eso. Dos o tres personas, que parecían reyes y reinas,
aparecieron en el vestíbulo de dicho palacio, hablando de manera distinta
al lenguaje del pueble. Se expresaban en forma mesurada, armoniosa y
sublime. Nadie se dormía, se les escuchaba con profundo silencio, que sólo
se interrumpía para dar lugar a los testimonios de sensibilidad y de
admiración públicas. El deber de los reyes, el amor a la virtud, los
peligros de las pasiones, se expresaban de manera tan viva y sensible, que
Babuc no pudo por menos que derramar lágrimas. Ni por un momento dudó de
que aquellos héroes y heroínas, aquellos reyes y reinas a los que acababa
de escuchar serían los predicadores del imperio; y se propuso incitar a
Ituriel para que fuera a escucharles, seguro de que tal espectáculo le
reconciliaría con la ciudad.
Cuando se acabó la fiesta, quiso ver a la reina principal, que en
aquel hermoso palacio había demostrado una moral tan noble y tan pura; se
hizo introducir en casa de Su Majestad; se le condujo por una estrecha
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