El mundo tal como va (Voltaire) - pág.9
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he visto nunca, el señor sátrapa togado puede muy bien pagar algo para
tener el placer de dar audiencia a los abogados.
Babuc se indignó. No pudo por menos que condenar desde el fondo del
corazón a un país donde las dignidades de la paz y de la guerra se venden
en pública subasta; con rapidez llegó a la conclusión de que eran
absolutamente ignoradas la guerra y las leyes, y que, aunque Ituriel no
exterminase aquellos pueblos, perecerían por su detestable administración.
Aún aumentó más su mala opinión cuando vio que llegaba un hombre
gordo, el cual, después de saludar con gran familiaridad a todos los
presentes, se acercó al joven oficial para decirle:
-Sólo puedo prestaros cincuenta mil daricos de oro, ya que este año
las aduanas del imperio solamente me han proporcionado trescientos mil.
Babuc se informó de quién era aquel hombre que se quejaba de ganar tan
poco, entonces se enteró de que en Persépolis había cuarenta reyes
plebeyos que tenían en arriendo el imperio persa, y que daban algo de ello
al monarca.
Después de la comida del mediodía se fue a uno de los más soberbios
templos de la ciudad y se sentó entre una muchedumbre de personajes de
ambos sexos que estaban allí para pasar el rato. Compareció un mago, que
permaneció de pie en un sitio elevado y que habló durante mucho rato del
vicio y de la virtud. Aquel mago dividió en muchas partes lo que no había
necesidad de dividir; probó metódicamente todo lo que ya estaba bien
claro; enseñó todo lo que ya se sabía. Se apasionó fríamente y se marchó
sudando y jadeando. Todos los reunidos se desvelaron, creyendo haber
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