El mundo tal como va (Voltaire) - pág.4
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"¡Oh, oh! -se dijo a sí mismo-. Si el ángel Ituriel quiere exterminar
a los persas, es necesario que la deidad de los indios destruya, al mismo
tiempo, a sus creyentes."
Después de haberse informado con más detalle de lo que había ocurrido
en los dos ejércitos rivales, pudo comprobar, con asombro y admiración,
que se habían realizado acciones de generosidad, de grandeza de alma y de
espíritu humanitario.
-Inexplicables seres humanos -exclamaba-. ¿Cómo podéis reunir tanta
bajeza y tanta magnanimidad, tantas virtudes y tantos crímenes?
A pesar de todo, se concertó la paz. Los jefes de los dos ejércitos,
ninguno de los cuales había obtenido la victoria, aunque sí hecho verter
la sangre de tantos hombres sólo para su propio interés, se fueron a
intrigar para obtener recompensas en sus respectivas cortes.
Con motivo de celebrarse la paz, se anunció en los escritos públicos
que ya volvería a reinar la virtud y la felicidad sobre la tierra.
"¡Alabado sea Dios! -se dijo Babuc-. Persépolis será la morada de la
inocencia purificada; ya no será destruida, como querían esos genios
perversos; vamos, sin falta, a esa capital asiática."
Llegó a la inmensa ciudad y pasó por la entrada más antigua, que era
grosera y tosca, rusticidad que ofendía la vista de todos los que
ambulaban por allí. Toda aquella parte de la ciudad se resentía de los
defectos de la época en que se había edificado, pues, a pesar de la
testarudez de la gente en alabar lo antiguo a expensas de lo moderno,
debemos convenir que en todas las obras los primeros ensayos resultan
groseros.
Babuc se metió entre un gentío compuesto por lo más sucio y feo de los
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