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Los viajes de Gulliver (Jonathan Swift) - pág.66

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Pusieron la cama dentro de una gaveta colocada en un anaquel colgante por miedo de las ratas. Éste fue mi lecho todo el tiempo que permanecí con aquella gente, y fue mejorándose poco a poco, conforme yo aprendía el idioma y podía ir exponiendo mis necesidades. La niña de que hablo era tan mañosa, que con sólo haberme despojado de mis ropas delante de ella una o dos veces ya sabía vestirme y desnudarme, aunque yo nunca quise darle este trabajo cuando ella me permitía que me lo tomase yo mismo. Me hizo siete camisas y alguna ropa blanca más de la tela más fina que pudo encontrarse, y que era, ciertamente, más áspera que harpillera, y ella me las lavaba siempre con sus propias manos.Asimismo era mi maestra para la enseñanza del idioma. Cuando yo señalaba alguna cosa, ella me decía el nombre en su lengua, y así en pocos días me encontré capaz de pedir lo que me era preciso. Era muy bondadosa y no más alta de cuarenta pies, pues estaba muy pequeña para su tiempo. Me dio el nombre de Grildrig, que la familia adoptó, y después todo el reino. La palabra vale tanto como la latina Nanunculus, la italiana Homunceletino y la inglesa Mannikin. A esta niña debo principalmente mi salvación en aquel país. Nunca nos separamos mientras estuve allá. Le llamaba yo mi Glumdalclitch, o sea mi pequeña niñera; y cometería grave pecado de ingratitud si omitiese esta justa mención de su cuidado y su afecto para mí, a los cuales quisiera yo que hubiese estado en mi mano corresponder como ella merecía, en lugar de verme convertido en el inocente pero fatal instrumento de su desventura, como tengo demasiadas razones para temer que haya sucedido.
     Por entonces empezaba ya a saberse y comentarse en las cercanías que mi amo se había encontrado en el campo un animal extraño, del grandor aproximado de un splacknuck, pero formado exactamente en todas sus partes como un ser humano, al que asimismo imitaba en todas sus acciones. Parecía hablar una especie de lenguaje peculiar; había aprendido ya varias palabras del de ellos; andaba en dos pies; era manso y amable; acudía cuando le llamaban; hacía lo que le mandaban y tenía los más lindos miembros del mundo y un cutis más fino que pudiera tenerlo la hija de un noble a los tres años de edad. Otro labrador que vivía cerca y era muy amigo de mi amo pasó a hacerle una visita con la intención de averiguar lo que hubiese de cierto en este rumor.


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