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Los viajes de Gulliver (Jonathan Swift) - pág.45

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Página 45 de 233


Algunos servidores vuestros debían recibir orden secreta de esparcir en vuestras camisas y sábanas un jugo venenoso que pronto os haría desgarrar vuestras propias carnes con vuestras manos y morir en la más espantosa tortura. El general se sumó a esta opinión, así que durante largo plazo hubo mayoría en contra vuestra; pero Su Majestad, resuelto a salvaros la vida si era posible, pudo por último disuadir al chambelán.
     »Reldresal, secretario principal de Asuntos Privados, que siempre se proclamó vuestro amigo verdadero, fue requerido por el emperador para que expusiera su opinión sobre este punto, como así lo hizo, y con ello acreditó el buen concepto en que le tenéis. Convino en que vuestros crímenes eran grandes, pero que, no obstante, había lugar para la gracia, la más loable virtud en los príncipes, y por la cual Su Majestad era tan justamente alabado. Dijo que la amistad entre vos y él era tan conocida en todo el mundo, que quizá el ilustrísimo tribunal tuviera su juicio por interesado. Sin embargo, obedeciendo al mandato que había recibido, descubriría libremente sus sentimientos. Si Su Majestad, en consideración a vuestros servicios y siguiendo su clemente inclinación, se dignara dejaros la vida y dar orden solamente de que os sacaran los dos ojos, él suponía, salvando los respetos, que con esta medida la justicia quedaría en cierto modo satisfecha y todo el mundo aplaudiría la benignidad del emperador, así como la noble y generosa conducta de quienes tenían el honor de ser sus consejeros. La pérdida de vuestros ojos -argumentaba él- no serviría de impedimento a vuestra fuerza corporal, con la que aun podíais ser útil a Su Majestad. La ceguera aumenta el valor ocultándonos los peligros, y el miedo que tuvisteis por vuestros ojos os fue la mayor dificultad para traer la flota enemiga. Y, finalmente, que os sería bastante ver por los ojos de los ministros, ya que los más grandes príncipes no suelen hacer de otro modo.
     »Esta proposición fue acogida con la desaprobación mas completa por toda la Junta. Bolgolam, el almirante, no pudo contener su cólera, antes bien, levantándose enfurecido, dijo que se admiraba de cómo un secretario se atrevía a dar una opinión favorable a que se respetase la vida de un traidor, que los servicios que habíais hecho eran, según todas las verdaderas razones de Estado, la mayor agravación de vuestros crímenes; que la misma fuerza que os permitió traer la flota enemiga podría serviros para devolverla al primer motivo de descontento; que tenía firmes razones para pensar que erais un estrechoextremista en el fondo de vuestro corazón, y que, como la traición comienza en el corazón antes de manifestarse en actos descubiertos, él os acusaba de traidor con este motivo, e insistía, por tanto, en que se os diera la muerte.


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