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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.101

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del ministerio de mis gracias.»
Aquella ave parlera no calló lo que sabía, diciendo:
«Cierto, señora; no sé cómo se llama; pienso, si bien me acuerdo, que tu
hijo muere por una llamada Psiches.»
Entonces, Venus, indignada, comenzó a dar voces, diciendo:
«Ciertamente, él debe de amar a aquella Psiches que pensaba tener mi
gesto y era envidiosa de mi nombre: de lo que más tengo enojo en este
negocio es que me hizo a mí su alcahueta, porque yo le mostré y enseñé por
dónde conociese aquella moza.»

De esta manera, riñendo y gritando, prestamente se salió de la mar y
fuese luego a su cámara, adonde halló a su hijo malo, según lo había oído,
y desde la puerta comenzó a dar voces, diciendo de esta manera:
«¡Honesta cosa es, y que cumple mucho a nuestra honra y a tu buena
fama lo que has hecho! ¿Parécete buena cosa menospreciar y tener en poco
los mandamientos de tu madre, que más es tu señora, dándome pena con
los sucios amores de mi enemiga, la cual en esta tu pequeña edad juntaste
contigo con tus atrevidos y temerarios pensamientos? ¿Piensas tú que tengo
yo de sufrir por amor de ti nuera que sea mi enemiga? Pero tú, mentiroso y
corrompedor de buenas costumbres, ¿presumes que tú sólo eres engendrado
para los amores, y que yo, por ser ya mujer de edad, no podré parir otro
Cupido? Pues quiero ahora que sepas que yo podré engendrar otro mucho
mejor que tú, y aunque, porque más sientas la injuria, adoptaré por hijo a
alguno de mis esclavos y servidores; y le daré yo alas y llamas de amor con
el arco y las saetas, y todo lo otro que te di a ti, no para estas cosas en que
tú andas, que aun bien sabes tú que de los bienes de tu padre ninguna cosa
te he dado para esta negociación; pero tú, como desde muchacho fuiste mal
criado y tienes las manos agudas, muchas veces, sin reverencia ninguna,
tocaste a tus mayores, y aun a mí, que soy tu madre. A mí misma digo que,
como parricida, cada día me descubres y muchas veces me has herido, y
ahora me menosprecias como si fuese viuda, que aun no temes a tu


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