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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.40

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estirándome los dedos y puestas las manos sobre las rodillas, sentado de
cuclillas en la cama, lloraba muy reciamente, pensando en mí y teniendo

ante los ojos la casa de la justicia, los jueces y la sentencia que contra mí se
había de dar y el verdugo que me había de degollar, y decía entre mí:
«¿Qué juez puedo yo hallar tan manso y benigno que me haya de dar
por inocente y no culpado, estando ensangrentado y untado con sangre de
la muerte de tantos hombres ciudadanos? ¿Ésta es aquella prosperidad de
mi camino que el sabio Diófanes con mucha vehemencia me decía?» Esto y
otras cosas semejantes diciendo y replicando entre mí, lloraba y maldecía
mi ventura. Estando en esto, oí abrir las puertas, y con grandes clamores y
ruido entrar los alcaldes y alguaciles con mucha compañía y gente de pie,
que llenaron toda la casa; y luego dos porteros de maza por mandato de los
alcaldes me echaron la mano para llevarme por fuerza, como quiera que yo
no resistía; y como llegamos a la primera calleja, toda la ciudad estaba por
allí esperándonos, y con mucha frecuencia nos siguió. Y como quiera que
yo llevaba los ojos en tierra y aun en los abismos, lanzados con mucha
tristeza, torcí un poco la cabeza a un lado y vi una casa de gran maravilla:
que entre tanto pueblo como allí estaba, ninguno había que no se rompiese
las entrañas de risa; finalmente, habiéndome llevado por las calles públicas
de la manera que purgan la ciudad cuando hay algunas malas señales o
agüeros, que traen la víctima o animal que han de sacrificar por las calles y
rincones de las plazas, así, después de haberme traído por cada rincón de la
plaza, pusiéronse delante de la silla de los jueces, que era un cadalso muy
alto, donde estaban sentados. Ya el pregonero de la ciudad pregonaba que
todos callasen y tuviesen silencio, cuando todos a una voz dicen que por la
muchedumbre de la gente, que peligraba por la gran estrechura y
apretamiento del lugar, y que este juicio se fuese a juzgar al teatro. Y luego,
sin más tardanza, todo el pueblo fue corriendo al teatro, que en muy poco


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