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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.38

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narices y orejas.
Como esto dijo, yo, espantado, luego me eché mano de las narices y
trájelas en la mano; agarré las orejas y cayéronseme. Cuando vieron esto
los que estaban alrededor comenzaron todos a señalarme con los dedos,
haciendo gesto con las cabezas. En tanto que ellos se reían, yo, cayendo a
sus pies como mejor pude, me escapé de allí, y nunca después volví a mi
tierra, por estar así lisiado, para que burlasen de mí. Así, que con los
cabellos de una parte y otra encubro la falta de las orejas. Y con este
plañizuelo que traigo puesto en la cara, la fealdad y lesión de las narices.
Cuando Theleforon acabó de contar su historia, los que estaban a la
mesa, ya alegres del vino, comenzaron otra vez a dar grandes risotadas; y
en tanto que bebían lo acostumbrado, díjome Birrena de esta manera:
-Mañana se hace en esta ciudad, desde que se fundó, una fiesta muy
solemne, la cual nosotros solos y no en otra parte festejamos con mucho
placer y gritos de alegría al santísimo dios de la risa. Esta fiesta será más
alegre y graciosa por tu presencia, y pluguiese a Dios que de tus propias
gracias alguna cosa alegre inventases con que sacrifiquemos y honremos a
tan gran dios como éste.
Yo entonces le dije:
-Muy bien, señora; hacerse ha como mandes, y por Dios que querría
hallar alguna materia con que este gran dios fuese honrado.
Después de dicho esto, mi criado me dijo que era ya tarde, y como
también yo estaba alegre, levanteme luego de la mesa, y tomada licencia de
Birrena, titubeando los pasos, me fui para casa, y llegando a la primera
plaza un aire recio nos apagó el hacha que nos guiaba; de manera que,
según la obscuridad de la noche, tropezando en las piedras, con mucha
fatiga, llegamos a la posada. Como llegamos junto a la puerta, yo vi tres
hombres, valientes de cuerpo y fuerzas, que estaban combatiendo en las
puertas de casa. Y aunque nos veían, no se espantaban ni apartaban siquiera
un poquillo; antes, mucho más y más echaban sus fuerzas, a menudo
porfiando quebrar las puertas; de manera que no sin causa a mí me


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