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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.33

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más lleno de ojos estoy que Argos.
Casi yo no había acabado de hablar cuando me llevó a una casa, la cual
tenía cerradas las puertas, y entramos por un postigo, por donde entrome en
un palacio obscuro y mostrome una cámara sin lumbre, donde estaba una
dueña vestida de luto, cerca de la cual él se sentó diciendo:
-Éste viene obligado para guardar fielmente a tu marido.
Ella, como estaba con sus cabellos echados ante la cara, aunque tenía
luto, estaba hermosa, y mirándome dijo:
-Mira bien; cata que te ruego que con gran diligencia hagas lo que has
tomado a cargo.
Yo le dije:
-No cures, señora: mándame aparejar la colación.
Lo cual le plugo, y luego se levantó y metiome en una camarilla, donde
estaba el difunto cubierto con sábanas muy blancas, y metidos dentro unos

siete testigos; alzada la sábana y descubierto el muerto, llorando y
demostrando todas las cosas de su cuerpo, pidiendo que fuesen testigos los
que estaban presentes, lo cual un escribano asentaba en su registro, ella
decía de esta manera:
-Veis aquí la nariz entera, los ojos sin lesión, las orejas sanas, los labios
sin faltarles cosa, la barba maciza. Vosotros, buenos hombres, dadme por
testimonio lo que digo.
Y como esto dijo y el escribano lo asentó y signó, partiose de allí. Yo
díjele:
-Señora, mandad que me provean de todo lo necesario.
Ella respondió:
-¿Qué es lo que has menester?
Yo le dije:
-Un candil grande y aceite para que baste hasta el día, y vino en el jarro
y agua con su taza, y el plato hecho de lo que os sobra.
Ella, moviendo la cabeza, dijo:
-Anda vete, loco, que en casa llorosa pides cena y sobras de ella, en la
cual ha tantos días continuos que no se ha visto humo; ¿piensas que viniste
aquí a comer? ¿Por qué antes no lloras y tomas luto como conviene al lugar
donde estás?
Diciendo esto, miró a una moza y díjole:
-Mirrena, trae presto un candil y aceite, y, encerrado este guarda en la
cámara, vete luego.
Yo quedé así desconsolado, para consuelo del muerto, y refregados los
ojos y armados para velar, halagaba y esforzaba mi corazón cantando así


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