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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.32

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Yo pregunté a uno de los que pasaban:
-¿Qué cosa es ésta? ¿Suelen aquí huir los muertos?
Respondiome aquél:
-Calla, que bien parece que eres mozo y extranjero, y por eso no sabes
que estás en medio de Tesalia, donde las mujeres hechiceras cortan con los
dientes las narices y orejas de los muertos, en cada parte, porque con esto
hacen sus artes y encantamientos.
Yo le dije entonces:
-Dime, por tu vida, ¿y qué guarda es ésta de los difuntos?
Él me respondió:
-Primeramente, toda la noche ha de velar muy bien, abiertos los ojos y
siempre puestos en el cuerpo del difunto, sin jamás mirar a otra parte, ni
solamente volver los ojos, porque estas malas mujeres, convertidas en
cualquier animal que ellas quieren, en volviendo la cara, luego se meten y
esconden, que, aunque fuesen los ojos del Sol y de la justicia, los
engañarían; que una vez se tornan aves y otra vez perros y ratones, y luego
se hacen moscas, y cuando están dentro, con sus malditos encantamientos

oprimen y echan sueños a los que guardan; de manera que no hay quien
pueda contar cuántas maldades estas malas mujeres, por su vicio y placer,
inventan y hallan, y por este tan mortal trabajo, no dan de salario más de
cuatro o seis ducados de oro, poco más o menos. ¡Oh, oh!, y lo que
principalmente se me olvidaba: si alguno de estos que guardan no restituye
el cuerpo entero, a la mañana, todo lo que le fue cortado o disminuido es
obligado y apremiado a reponerlo, cortándole otro tanto de su misma cara.
Oído esto, esforceme lo mejor que pude, y luego llegueme al que
pregonaba, diciendo:
-Deja ya de pregonar, que he aquí aparejada guarda para eso que dic es.
Dime qué salario me has de dar.
Él dijo:
-Te darán mil maravedís; pero mira bien, mancebo, con diligencia; cata
que este cuerpo es de un hijo de los principales de esta ciudad; guárdalo
bien de estas malas arpías.
Yo dije entonces:
-¿Qué me estáis ahí contando, necedades y mentiras? ¿No ves que soy
hombre de hierro, que nunca entra sueño en mí? Más veo que un lince y


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