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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.27

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caminar, porque él quería ir a cierto negocio; él, como le dijo que era muy
bueno, ya que el zapatero abría la bolsa y sacaba los dineros, y aun tenía
contados cien maravedís para darle un galardón de la adivinación que le
había hecho, he aquí súbitamente un mancebo de los principales de la
ciudad le tomó de la falda por detrás, y como aquel sabio volvió la cabeza,
abrazolo y besolo. El sabio, como lo vio, hízolo sentar cerca de sí, y atónito
de la repentina vista de aquel su amigo, no recordándose del negocio que
tenía entre manos, dijo al mancebo:
-¡Oh deseado de muchos tiempos! ¿Cuándo eres venido?
Respondió él:

-Si os place, ayer tarde; pero tú, hermano, dime también cómo te
aconteció cuando navegaste de la isla de Eubea. ¿Cómo te fue por mar y
por tierra?
A esto respondió aquel Diófanes, sabio muy señalado, que estaba
privado de su memoria y fuera de sí:
-Nuestros enemigos y adversarios caían en tanta ira de los dioses y tan
gran destierro, que fue más que el de Ulises. Porque la nave en que
veníamos fue quebrada con las ondas y tempestades de la mar y perdido el
gobernalle, y el piloto apenas llegó con nosotros a la ribera de la mar, y allí
se hundió, donde perdido cuanto traíamos, nadando escapamos. Después,
salidos de este peligro, todo lo que de allí sacamos y lo que nos habían
dado, así los que no nos conocían, por mancilla que habían de nosotros,
como lo que los amigos por su liberalidad, todo nos lo robaron los ladrones,
a los cuales, resistiendo por defender lo nuestro, delante de estos ojos,
mataron a un hermano mío que había nombre Arignoto.
Estando hablando estas cosas, aquel sabio enojado y triste, Cerdón, el
negociante, tomó sus dineros, que había sacado para pagarle su adivinanza
y huyó entre la gente; finalmente, Diófanes, tornado en sí, sintió la culpa de
su necedad, mayormente que vio que todos los que estábamos alrededor
nos reíamos de él, pues que conocía el hado de los otros y no el de su
hacienda.
-Pero tú, señor Lucio, ¿crees que aquel sabio dijo verdad a ti sólo más


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