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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.26

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Respondió que la
lumbre se lo decía. Entonces Milón riose de lo que ella decía, y burlando de
ella, dijo:
-Por cierto, la gran sibila profeta mantenemos en este candil, que todos
los negocios del cielo y lo que el Sol ha de hacer se ven en el candelero.
Yo entremetime a hablar en sus razones, diciendo:

-Pues sabed que éste es el principal experimento de esta adivinación, y
no os maravilléis, porque como quiera que éste es un poquito de fuego
encendido por manos de hombres, pero recordándose de aquel fuego mayor
que está en el cielo, como de su principio y padre, sabe lo que ha de hacer
en el cielo, y así nos lo dice acá y anuncia por este presagio o adivinanza.
Yo vi en Corinto, antes que de allá partiese, un sabio, que allí es venido,
que toda la ciudad se espanta de sus respuestas maravillosas que da a lo que
le preguntan, y por un cuarto que le dan dice el secreto de la ventura y el
hado que ha de venir a quienquiera; qué día es bueno para hacer
casamientos o cuál será bueno para fundar una fortaleza, que sea muy
perpetua, o cuál será más provechoso para mercaderes, o cuál más afamado
para mejor poder caminar, o cuál más oportuno para el navegar.
Finalmente, a mí me dijo cuándo quería partirme para esta tierra,
preguntándole cómo me sucedería en este viaje, muy muchas y varias
cosas: ora que tendría prosperidad asaz grande, ora que sería de mí una
muy grande historia y fábula increíble, y que había de escribir libros.
A esto Milón, riéndose, dijo:
-¿Qué señas tiene ese hombre o cómo se llama?
Yo díjele que era hombre de buena estatura y entre rojo y negrillo, que
se llamaba Diófanes. Entonces Milón dijo:
-Ése es y no otro, porque aquí en esta ciudad hablaba muchas cosas
semejantes a esas que dices, por donde él ganó no poco, sino muy muchos
dineros, y alcanzó muy grandes mercedes y dádivas; después él, mezquino,
cayó en manos de la fortuna severa y cruel, que estando un día cercado de
gente, diciéndoles a cada uno su ventura, un negociante que se llamaba
Cerdón llegose a él por preguntarle si era aquel día provechoso para


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