Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo)

La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.25

Indice General | Volver

Página 25 de 254



Yo le dije:
-¿Qué es esto, mi bien y mi señora? Aparejado estoy, que por ser
recreado solamente con un beso, sufriré que me ases en ese fuego. Y
diciendo esto, abracela reciamente y comencela a besar; ya que ella estaba
encendida en la igualdad del amor conmigo, ya que yo le conocía que con

su boca y lengua olorosa ocurría a mi deseo y que también quería ella como
yo, díjele:
-¡Oh señora mía!, yo muero, y más cierto puedo decir que soy muerto, si
no has merced de mí.
A esto ella, besándome, respondió:
-Está de buen ánimo, que yo te amo tanto como tú a mí; y no se dilatará
mucho nuestro placer, que a prima noche yo seré contigo en tu cámara:
anda, vete de aquí y apareja, que toda esta noche entiendo pelear contigo.
Así que con estas palabras y burletas nos partimos por entonces.
Después, ya casi era mediodía, Birrena me envió un presente de media
docena de gallinas y un lechón y un barril de vino añejo fino. Yo llamé a
mi Fotis y díjele:
-Ves aquí, señora, el dios del amor e instrumento de nuestro placer, que
viene sin llamarlo, de su propia gana; bebámoslo, sin que gota quede,
porque nos quite la vergüenza y nos incite la fuerza de nuestra alegría, que
ésta es la vitualla o provisión que ha menester el navío de Venus: conviene
a saber, que, en la noche sin sueño, abunde en el candil aceite y vino en la
copa.
Todo lo otro del día que restaba, gastamos en el baño, y después en la
cena; porque a ruego del bueno de Milón, mi huésped, yo me senté a cenar
a su pequeña y muy breve mesilla, guardándome cuanto podía de la vista
de Pánfila, su mujer; porque recordándome del aviso de Birrena, con temor
me parecía que, mirando en su cara miraba en la boca del infierno; pero
miraba muchas veces a mi amada Fotis, que andaba sirviendo a la mesa, y
en ésta recreaba mi ánimo. En esto, como vino la noche y encendieron
candelas, la mujer de Milón dijo:
-¡Cuán grande agua hará mañana!
El marido le preguntó que cómo sabía ella aquello.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-250   251-254  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados