La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.22
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que ella quiere, tórnalos en un punto piedras y bestias o cualquier otro
animal que ella quiere; otros, mata del todo; y esto te digo temblando,
porque te guardes que ella ame fuertemente, y tú como eres mozo y gentil
hombre, agradarle has.
Esto me decía Birrena, con harta congoja y pena. Yo, cuando oí el
nombre de la Magia, como estaba deseoso de la saber, tanto me escondí de
la cautela o arte de Panfilia, que antes yo mismo me ofrecí de mi propia
gana a su disciplina y magisterio, queriendo en un salto lanzarme en el
profundo de aquella ciencia. Así que con la más priesa que pude, alterado
de lo que me había dicho, despedime de mi tía, soltándome de su mano
como de una cadena y diciendo:
-Señora, con vuestra merced, yo me voy corriendo a la posada de Milón.
Capítulo II
Cómo despedido Lucio Apuleyo de Birrena, su tía, se vino para la posada
de su huésped Milón, donde, llegado, halló a Fotis la moza de casa, que
guisaba de comer. Y enamorándose el uno del otro, concertaron de
juntarse a dormir.
Yendo por la calle como un hombre sin seso, digo entre mí: «Ea, Lucio,
vela bien y está contigo; ahora tienes en la mano lo que hasta aquí
deseabas; ahora satisfarás a tu luengo deseo de cosas maravillosas. Aparta
de ti todo miedo: júntate cerca, porque puedas prestamente alcanzar lo que
buscas; pero mira bien que te apartes y excuses de no hacer vileza con la
mujer de tu huésped Milón, ni de ensuciar su cama y honra. Con todo eso,
bien puedes requerir de amores a Fotis, su criada, que parece ser bonica,
agudilla y alegre. Aun bien te debes recordar, cuando anoche, te ibas a
dormir, cómo ella te acompañó, mostrándote la cama y cubriéndote la ropa,
después de acostado, y te besó en la cabeza, partiéndose de allí, contra su
voluntad, según se le mostró en su gesto; finalmente, que cuando se iba ella
volvía la cara atrás y se detenía, lo cual es buena señal, y así sea adelante.
De manera que no será malo que esta Fotis sea requerida de amores.»
Yendo yo disputando entre mí estas cosas, llegué a la casa de Milón, y
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