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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.18

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Yo, viendo su porfía, aunque contra mi voluntad, me hubo de llevar a
aquella su mesilla, donde me hizo sentar y luego me preguntó:

-¿Cómo está mi amigo Demeas? ¿Cómo están su mujer y hijos y
criados?
Yo contele de todo lo que me preguntaba. Asimismo me preguntó
ahincadamente la causa de mi camino, la cual, después que muy bien le
relaté, empezome a preguntar de la tierra y del estado de la ciudad, y de los
principales de ella, y quién era el gobernador; así que, después que me
sintió estar fatigado de tan luengo camino y de tanto hablar y que me
dormía, que no acertaba en lo que decía, tartamudeando en las palabras,
medio dichas, finalmente concedió que me fuese a dormir. Plugo a Dios
que ya escapé del convite hambriento y de la plática del viejo rancioso y
parlero, más hambriento de sueño que harto del manjar. Habiendo cenado
con solas sus parlas, entreme en la cámara y echeme a dormir.
Segundo libro
Argumento
En tanto que Lucio Apuleyo andaba muy curioso en la ciudad de Hipata,
mirando todos los lugares y cosas de allí, conoció a su tía Birrena, que era
una dueña rica y honrada; y declara el edificio y estatuas de su casa, y
cómo fue con mucha diligencia él avisado que se guardase de la mujer de
Milón, porque era gran hechicera; y cómo se enamoró de la moza de casa,
con la cual tuvo sus amores; y del gran aparato del convite de Birrena,
donde ingiere algunas fábulas graciosas y de placer; y de cómo guardó uno
a un muerto, por lo cual le cortaron las narices y orejas, y después cómo
Apuleyo tornó de noche a su posada, cansado de haber muerto no a tres
hombres, más a tres odres.
Capítulo I
Cómo andando Lucio Apuleyo por las calles de la ciudad de Hipata,
considerando todas las cosas, por hallar mejor el fin deseado de su
intención, se topó con una su tía llamada Birrena, la cual le dio muchos
avisos en muchas cosas de que se debía guardar.
Cuando otro día amaneció y el Sol fue salido, yo me levanté con ansia y
deseo de saber y conocer las cosas que son raras y maravillosas, pensando


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