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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.10

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bien con su orina sucia. Y entonces saliéronse por la puerta fuera, y luego
las puertas se tornaron a su primer estado, cerradas como estaban; los
quicios tornaron a su lugar, los postes se enderezaron, la aldaba se atravesó
y cerró como antes. Yo, como estaba echado en tierra, sin ánimo, desnudo
y frío y remojado de orines, como si entonces hubiera nacido del vientre de
mi madre, o casi medio muerto, que yo mismo resucitaba a mí, o como si
hubiera huido de la horca, dije:
-¿Qué será de mí cuando éste se hallare a la mañana degollado? ¿Quién
podrá creer que yo digo cosas verosímiles, pareciendo, en efecto, las
verdaderas? Porque luego me dirán: «Si tú, hombre tan grande, no podías
resistir a una mujer, a lo menos dieras voces, llamaras socorro. ¿Cómo en
presencia de tus ojos degollaban un hombre y tú callabas? ¿Por qué, si eran
ladrones, no mataban a ti también, como a él? A lo menos, su crueldad no
te debiera de perdonar ni dejar para que pudieses descubrir el homicidio;
así que, pues escapaste de la muerte, torna a ella.» Considerando yo estas
cosas muchas veces, y replicándolas entre mí, íbase la noche y venía el día.
Así que me pareció buen consejo irme antes del alba furtivamente y tomar
mi camino, aunque temblando. Así que tomé mis alforjas y mi capa y
comencé de abrir la puerta de la cámara con la llave; y aquellas puertas
buenas y muy fieles que esa noche de su propia gana se abrieron, a mala
vez y con mucho trabajo pude abrir, teniendo la llave y dándole treinta

vueltas. Después que salí de la cámara fuime a la puerta del mesón, y dije
al portero:
-Oye tú, ¿dónde estás? Ábreme la puerta del mesón, que quiero caminar
de mañana.
El portero, que estaba acostado en tierra cerca de la puerta, díjome casi
soñoliento:
-¿Cómo te quieres partir a esta hora, que aún es de noche? ¿No sabes
que andan ladrones por los caminos? Por ventura, si tú, culpado de algún
crimen que tú mismo sabes, deseas morir, nosotros no tenemos cabezas de
calabazas que queramos morir por ti.
Yo dije:
-No hay mucho de aquí al día, cuanto más que a hombre pobre ¿qué


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