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La metamorfosis o El asno de oro (Lucio Apuleyo) - pág.8

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Por ventura, esta vieja, usando
de su encantamiento, no haya conocido nuestras palabras y pláticas; por
tanto, vámonos pronto a dormir; pues aunque hayamos quebrantado un
poco el sueño de la noche, ante el día, huyamos de aquí cuanto más lejos
podremos.
Capítulo II
Cómo Aristómenes, que así se llamaba el segundo compañero,
prosiguiendo en su historia, contó a Lucio Apuleyo cómo las dos magas
hechiceras Meroe y Panthia degollaron aquella noche a Sócrates,
indignadas de él.
Aún no había acabado de decir esto, cuando Sócrates, así por el beber,
del que no había acostumbrado, como por la luenga fatiga que había
padecido, ya dormía altamente y roncaba. Yo entonces cerré la puerta de la

cámara y echele la aldaba, y echeme sobre una camilla que estaba cerca de
los quicios de la puerta. Así que, primeramente, del miedo que tenía, velé
un poco; después, casi a media noche, comenzáronseme a cerrar los ojos:
mi fe, si os place, ya dormía; y súbitamente, con mayor ímpetu y ruido que
ladrones vienen, las puertas se abrieron, y para decir verdad, quebradas y
arrancadas de los quicios cayeron por tierra. Mi camilla en que estaba,
como era pequeña y cojo el banco de un pie y podrido de los otros, con la
violencia y fuerza del ímpetu cayó en tierra; yo caí debajo en el suelo, y
como la cama se volvió, tomome debajo y cubriome. Entonces yo sentí
algunos afectos, que, naturalmente, me venían en contrario de lo que
quería. Que, como acontece muchas veces que, con placer, salen lágrimas,
así en aquel gran miedo que tenía no podía sufrir la risa, porque estaba de
hombre hecho tortuga. Estando así echado en tierra, así cubierto con la
cama, volví los ojos por ver qué cosa era aquélla, y vi dos mujeres viejas: la
una traía un candil ardiendo; la otra, un puñal y una esponja, y con esto
paráronse en derredor de Sócrates, que dormía muy bien. La que traía el
puñal dijo a la otra:
-Hermana Panthia, éste es el gran enamorado Endimión; éste es mi
Ganimedes, que días y noches burló de mi juventud. Éste es, que no
solamente, pospuestos mis amores, me difama y deshonra, sino que ahora


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