Quintín Durward (Walter Scott) - pág.29
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No obstante, había contradicciones en el carácter de este monarca hábil y cauteloso, pues la naturaleza humana rara vez es uniforme. A pesar de ser el más falso e insincero de los hombres, algunos de los mayores errores de su vida provinieron de confiarse demasiado en el honor e integridad de los otros. Cuando cometía estos errores, parecían ser debidos a un sistema de política refinado que inducía a Luis a asumir la apariencia de confianza absoluta en aquellos que deseaba engañar, pues en su conducta general era tan celoso y suspicaz como cualquier tirano.
Otros dos extremos deben hacerse resaltar para completar la descripción de este formidable carácter, gracias al cual se elevó entre los monarcas rudos y caballerosos del período, al rango de un domador de fieras salvajes quien por su superior conocimiento y táctica, con la distribución de alimentos y la disciplina del látigo, acaba por dominar sobre aquellos que, de no estar sometidos a este trato, acabarían, por su mayor fuerza, en hacerle pedazos.
Era el primero de estos atributos la excesiva superstición de Luis, plaga con que el cielo aflige a menudo a aquellos que se niegan a escuchar los dictados de la religión. Nunca trató Luis de aquietar el remordimiento que le producían sus malas acciones con el pretexto de sus estratagemas maquiavélicas, sino que se esforzaba, en vano, en calmar y callar ese doloroso sentimiento con prácticas supersticiosas, penitencias severas y dádivas abundantes a los eclesiásticos. La segunda cualidad, con la que la primera se encuentra a veces extrañamente unida, era una disposición a los bajos placeres y al libertinaje encubierto. No obstante ser el más sabio, o por lo menos el más listo de los soberanos de su época, era aficionado a la vida inferior, y como era un hombre de espíritu, gozaba con las bromas y agudezas de la conversación social más de lo que podía esperarse de otros rasgos de su carácter. Llegaba a mezclarse en las aventuras cómicas de la intriga obscura, con una despreocupación poco en consonancia con la desconfianza habitual y siempre en guardia de su carácter; y era tan aficionado a este género de baja galantería, que dió lugar a que sus anécdotas alegres y licenciosas se agrupasen en una colección bien conocida de los coleccionadores de libros, para los que (y la obra no está indicada para nadie más) la verdadera edición es muy apreciada (6).
Por medio del carácter dominante y prudente, y poco amable de este monarca, se sirvió la Providencia, que actúa tanto por los métodos violentos como por los suaves, para restaurar en la gran nación francesa los beneficios del gobierno civil, que al tiempo de su ascenso al trono había casi perdido.
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