Quintín Durward (Walter Scott) - pág.27
Indice General
|
Volver
Página 27 de 397
En tiempos de paz reinaban como príncipes absolutos en sus propias provincias; y la casa de Borgoña, poseedora del distrito de ese nombre, además de la parte más hermosa y rica de Flandes, era de por sí tan poderosa y tan rica, que no cedía a la corona ni en esplendor ni en poder.
A imitación de los grandes feudatarios, cada vasallo inferior de la corona se revestía de tanta independencia como su distancia del poder soberano, la extensión de su feudo o la fortaleza de su castillo le permitían adoptar; y estos tiranuelos, que se burlaban del imperio de la ley, perpetraban con impunidad los más salvajes excesos de opresión fantástica y crueldad. Sólo en Auvernia se hizo un cómputo de más de trescientos de estos nobles independientes, para los que el incesto, el asesinato y la rapiña eran las acciones más corrientes y familiares.
Aparte de estos peligros, otro, que provenía de las guerras prolongadas entre Francia o Inglaterra, añadía no poca miseria al quebrantado reino. Numerosos conjuntos de soldados, agrupados en bandas, bajo el mando de oficiales escogidos por ellos mismos entre los más bravos y afortunados aventureros, se habían formado en varias partes de Francia con la repulsa de las demás regiones. Estos combatientes mercenarios vendían su espada durante cierto tiempo al mejor postor; y cuando no lograban ese servicio, hacían la guerra por su cuenta, apoderándose de castillos y torres, que utilizaban como sitios de su retirada; haciendo prisioneros y rescatándoles, imponiendo tributos en villas indefensas y en el país alrededor de las mismas, y logrando, con toda clase de rapiñas, los epítetos apropiados de Tondeurs y Ecorcheurs; esto es: Esquiladores y Desolladores.
En medio de los horrores y miserias que producían un estado tan revuelto de los asuntos públicos, gastos profusos y sin cuento caracterizaban las cortes de los nobles de menor categoría, así como a las de los príncipes de superior alcurnia, y sus subordinados, imitándoles, gastaban con ostentación brutal, pero magnífica, los bienes que habían arrebatado al pueblo. Una galantería de tono romántico y caballeroso (que, sin embargo, resultaba a veces estropeada por un libertinaje sin freno) caracterizaba el trato entre hombres y mujeres; y el lenguaje de la caballería andante aun se empleaba, y sus leyes se practicaban, aunque el espíritu de amor honorable y de empresa benévola que inculcaba había dejado de caracterizar y de aminorar sus extravagancias. Las justas y torneos, los entretenimientos y festines, que cada corte minúscula celebraba, invitaban a venir a Francia a todo aventurero sin rumbo fijo; y rara vez sucedía que al llegar allí dejase de emplear su valor temerario y espíritu emprendedor en acciones para las que su país nativo, más feliz, no proporcionaba ocasión oportuna.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-397
|