Quintín Durward (Walter Scott) - pág.13
Indice General
|
Volver
Página 13 de 397
Su desgano no asumió nunca, sin embargo, forma más activa que su alejamiento de la sociedad inglesa. Citando los asuntos de los forasteros requerían la interposición de su influencia en favor de ellos, era sistemáticamente concedida con la cortesía de un caballero francés que conoce lo que se debe a sí mismo y a la hospitalidad nacional.
A la postre, por alguna casualidad, hizo el marqués el descubrimiento que el nuevo comensal de su café era un natural de Escocia; circunstancia que le dispuso mucho en mi favor. Algunos de sus ascendientes, según me dijo, habían sido de origen escocés, y creía que su casa tenía aún algunos parientes en la provincia de Hanguisse, de ese país. El parentesco había sido reconocido por ambos lados desde el comienzo del siglo anterior, y una vez estuvo decidido, durante su destierro (pues cabe suponer que el marqués se había unido a los partidarios de Condé y compartido todas las fatigas y miserias de la emigración), a hacer valer su parentesco para pedir la protección de sus amigos escoceses. Pero, pensándolo mejor, no quiso presentarse ante ellos en circunstancias que pudieran favorecerle poco, y que podían hasta imaginar que traerían consigo alguna pequeña carga y quizá también alguna pequeña desgracia. De suerte que pensó que lo mejor era confiarse a la Providencia y sostenerse por sí como mejor pudiese. Cómo lo consiguió, nunca lo supe; pero estoy seguro de que no fué a costa de nada que pudiera ser en descrédito del buen hombre, que sostenía con firmeza sus opiniones y su lealtad contra viento y marea, hasta que el tiempo le devolvió, anciano, indigente y con el ánimo decaído, al país que había dejado en la flor de su juventud y en plena salud, y colmado de paciencia con los años en vez de adoptar un tono de vivo resentimiento, que prometiese rápida venganza contra los que le expulsaron. Podía haberme reído de algunos de los rasgos del carácter del marqués, de sus prejuicios, tanto de alcurnia como en política, si lo hubiese encontrado en circunstancias más prósperas; pero en su situación actual, aunque no hubiesen sido prejuicios sanos y lícitos, no inspirados por motivos rastreros ni interesados, había que respetarle como respetamos al confesor o al mártir de una religión que no es precisamente la nuestra.
Poco a poco nos hicimos buenos amigos: bebimos juntos nuestro café, fumamos nuestro cigarro y tomamos nuestro bavariose durante más de seis semanas, con pequeñas interrupciones, motivadas por ocupaciones de uno y otro. Habiendo logrado averiguar, por una coincidencia afortunada, que la provincia de Hanguisse sólo podía ser nuestro condado de Angus, estuve en condiciones de contestar a la mayoría de sus preguntas relativas a sus parientes de modo más o menos satisfactorio, y me sorprendí mucho de ver que el marqués conocía la genealogía de algunas de las familias distinguidas de ese país mucho mejor de lo que podía lógicamente imaginarme.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-397
|