Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Una casa de granadas (Oscar Wilde)

Una casa de granadas (Oscar Wilde) - pág.45

Indice General | Volver

Página 45 de 79


Vimos a los grifos guardando su oro sobre las rocas blancas, y a los dragones durmiendo en sus cavernas. Al pasar por las montañas conteníamos la respiración para que no cayeran las nieves sobre nosotros, y todos los hombres se anudaban un velo de gasa delante de los ojos. Cuando pasábamos por los valles, los pigmeos nos disparaban flechas desde las concavidades de los árboles, y de noche oíamos a los salvajes que redoblaban los tambores. Al llegar a la Torre de los Monos pusimos frutas ante ellos, y no nos hicieron daño. Cuando llegamos a la Torre de las Serpientes, les dimos leche caliente en cuencos de latón, y nos dejaron pasar. Tres veces en nuestro viaje llegamos a las orillas del Oxo; lo cruzamos en balsas de madera con grandes vejigas de pellejo hinchado. Los hipopótamos se llenaban de rabia contra nosotros e intentaban matarnos, y al verlos los camellos temblaban.
Los reyes de todas las ciudades nos hacían pagar impuestos, pero no solían tolerar que entráramos por sus puertas. Nos arrojaban pan por encima de las murallas, bollitos de maíz cocidos con miel y bizcochos de flor de harina rellenos de dátiles. Por cada cien cestos les dábamos una cuenta de ámbar.
Al vernos llegar, los habitantes de los pueblos envenenaban las fuentes y huían a las cumbres de las colinas. Luchamos con los magadenses, que nacen viejos y se vuelven jóvenes cada año que pasa y mueren cuando son niños pequeños; y con los lactros, que se dicen hijos de los tigres, y se pintan de negro y amarillo; y con los aurantes, que entierran a sus muertos en las copas de los árboles, y viven ellos en cavernas oscuras para que no los mate el sol, que es su dios; y con los crimnianos, que adoran a un cocodrilo, y le regalan pendientes de cristal verde, y le alimentan con mantequilla y aves recién matadas; y con los agazombanos, que tienen cara de perro; y con los sibanos, que tiene pies de caballo, y corren más raudos que ellos. Un tercio de nuestro grupo murió en el combate, y un tercio murió de necesidad. El resto murmuraba contra mí, y decía que yo les había llevado una fortuna adversa. Saqué a una víbora con cuernos de debajo de una piedra y dejé que me picara, y cuando vieron que no enfermaba les entró miedo.
Al cuarto mes llegamos a la ciudad de Illel.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-79  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados