Una casa de granadas (Oscar Wilde) - pág.43
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Y su alma le dijo:
-Si de verdad tienes que arrojarme lejos de ti, no me envíes sin darme un corazón. El mundo es cruel, dame tu corazón para llevarlo conmigo.
Él sacudió la cabeza y sonrió.
-¿Con qué amaría a mi amor si te diera el corazón? -exclamó.
-Sé compasivo -dijo su alma-; dame tu corazón, pues el mundo es cruel y tengo miedo.
-Mi corazón es de mi amada -respondió-; por tanto, no te hagas la remolona y vete.
-¿No debiera yo también amar? -preguntó su alma.
-¡Vete!, pues no te necesito -exclamó el joven pescador.
Y cogió la navajita con el mango de piel de víbora verde, y recortó la sombra alrededor de sus pies, y la sombra se puso en pie y se plantó ante él y le miró, y era exactamente igual a él.
Él se echó lentamente hacia atrás, y se puso rápidamente la navaja en el cinto, y le embargó un sentimiento de pavor.
-¡Vete! -murmuró-, y que no vea más tu cara!
-No; debemos volver a vernos -dijo el alma.
Su voz era apagada y parecida a la de la flauta, y apenas movía los labios para hablar.
-¿Cómo nos encontraremos? -exclamó el joven pescador-. ¿No irás a seguirme a las profundidades del mar?
-Una vez al año vendré a este lugar, y te llamaré -dijo el alma-. Puede ocurrir que me necesites.
-¿Para qué voy a necesitarte? -exclamó el joven pescador-; pero sea como deseas.
Y se sumergió en el agua, y los tritones hicieron sonar sus caracolas, y la sirenita emergió para recibirle, y le echó los brazos al cuello y le besó en la boca.
Y el alma se quedó en la playa solitaria y los miró. Y cuando se sumergieron en el agua se fue llorando por las marismas.
Y al cabo de un año bajó el alma a la orilla del mar y llamó al joven pescador, y este salió del abismo y dijo;
-¿Por qué me llamas?
Y el alma respondió:
-Acércate más, para que pueda hablar contigo, pues he visto cosas asombrosas.
Así que se acercó y se tendió en las aguas poco profundas, y apoyó la cabeza en la mano y escuchó.
Y el alma le dijo:
-Cuando me separé de ti volví el rostro hacia al oriente y emprendí el camino. Del oriente viene todo lo que es sabio.
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