Una casa de granadas (Oscar Wilde) - pág.41
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Oyó reír a la hechicera, y la tomó por el talle y giró con ella dando vueltas y más vueltas.
De pronto, aulló un perro en el bosque, y los que bailaban se detuvieron y, yendo de dos en dos, se arrodillaron y besaron las manos del hombre. Según lo hacían, una pequeña sonrisa tocaba sus labios orgullosos, a la manera que el ala de un pájaro roza el agua y la hace reír. Pero había desdén en aquella sonrisa. No hacía más que mirar al joven pescador.
-¡Ven, adorémosle! -susurró la hechicera.
Y le llevó; y a él le entró un gran deseo de hacer lo que ella le pedía, y la siguió. Pero cuando estuvo cerca, y sin saber por qué lo hacía, hizo sobre su pecho la señal de la cruz, e invocó el nombre santo.
Apenas lo había hecho, cuando chillaron las brujas como halcones y huyeron, y el pálido rostro que había estado observándole se retorció en un espasmo de dolor. El hombre se dio la vuelta hacia un bosquecillo y silbó. Un caballo ligero de raza española corrió a su llamada. Al saltar a la silla se volvió y miró al joven pescador con tristeza.
Y la hechicera de cabello rojo intentó escapar también, pero el pescador la cogió por las muñecas y la sujetó.
-¡Suéltame -gritaba ella-, y deja que me vaya! Pues tú has nombrado lo que no se debe nombrar, y has mostrado la señal que no se puede mirar.
-No -replicó él-, no dejaré que te vayas hasta que no me hayas dicho el secreto.
-¿Qué secreto? -dijo la hechicera, forcejeando con él como un gato salvaje, y mordiéndose los labios salpicados de espuma.
-Ya lo sabes -respondió él.
Sus ojos del color de la hierba verde se enturbiaron por las lágrimas, y dijo al pescador:
-Pídeme cualquier cosa menos esa.
Él se rió y la sujetó con más fuerza.
Y cuando vio ella que no podría liberarse, le susurró:
-Con toda seguridad yo soy tan hermosa como las hijas del mar, y tan gentil como las que moran en las aguas azules.
Y le acarició, y puso la cara junto a la suya.
Pero él la apartó frunciendo el ceño, y le dijo:
-Si no cumples la promesa que me hiciste, te mataré por bruja falsa.
Ella se volvió gris como una flor del árbol que unos llaman de Judas y otros del amor1, y se estremeció.
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