Una casa de granadas (Oscar Wilde) - pág.36
Indice General
|
Volver
Página 36 de 79
Y en cuanto a mi alma, ¿de qué me aprovecha, si se interpone entre lo que amo y yo?
-El amor del cuerpo es vil -exclamó el sacerdote, frunciendo las cejas-, y viles y perversas son esas cosas que Dios tolera que vaguen por el mundo suyo. ¡Malditos sean los faunos del bosque, y sean malditas las que cantan en el mar! Las he oído de noche y han intentado ser un señuelo que me apartara de mi rosario. Dan quedos golpes a la ventana y ríen. Musitan en mi oído la historia de sus gozos peligrosos. Me inducen con tentaciones y, cuando quiero rezar, me hacen muecas. Están condenadas, te digo, están condenadas. Para ellas no hay cielo ni hay infierno, y en ninguno de los dos alabarán el nombre de Dios.
-Padre -exclamó el joven pescador-, no sabéis lo que decís. Una vez atrapé en mi red a la hija de un rey. Es más hermosa que el lucero del alba, y más blanca que la luna. A cambio de su cuerpo daría mi alma, y por su amor renunciaría al cielo. Decidme lo que os pregunto, y dejad que vaya en paz.
-¡Fuera! ¡Fuera! -gritó el sacerdote-; tu amada está condenada, y tú te condenarás con ella.
Y sin darle su bendición le condujo fuera de su puerta.
Y el joven pescador bajó a la plaza del mercado, y caminaba lentamente y con la cabeza baja, como quien está abatido por el dolor.
Y cuando le vieron llegar los mercaderes, empezaron a cuchichear unos con otros, y uno de ellos avanzó a su encuentro, le llamó por su nombre y le dijo:
-¿Qué tienes que vender?
-Te venderé mi alma -respondió-. Te ruego que la compres y te la lleves lejos de mí, pues estoy harto de ella. ¿De qué me sirve el alma? No puedo verla. No puedo tocarla. No la conozco.
Pero los mercaderes se burlaban de él, y decían:
-¿Para qué queremos un alma humana? No vale lo que una moneda hendida de plata. Véndenos tu cuerpo como esclavo, y te vestiremos de púrpura marina y te pondremos un anillo en el dedo, y te haremos favorito de la gran reina. Pero no hables del alma, pues no es nada para nosotros, ni tiene valor alguno para nuestro servicio.
Y el joven pescador se dijo por lo bajo:
«¡Qué cosa tan extraña es esta! El sacerdote me dice que el alma vale todo el oro del mundo y los mercaderes dicen que no vale ni una moneda de plata hendida.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-79
|