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Una casa de granadas (Oscar Wilde) - pág.34

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Cantó al nautilo, que tiene su propia barca, talada en un ópalo, y está propulsada por una vela de seda; a los felices tritones que tocan el arpa y pueden hacer dormir por encantamiento al gran Kraken; a los niños pequeños que sujetan a las resbaladizas marsopas y cabalgan. sobre ellas riendo; a las sirenas que se acuestan en la espuma blanca y tienden los brazos a los marineros; y a los leones de mar con sus colmillos curvos, y a los hipocampos con sus crines flotantes.
Y, mientras cantaba, todos los atunes llegaban desde las profundidades a escucharla, y el joven pescador arrojaba las redes en torno a ellos y los cogía, y a otros los capturaba con un arpón. Y cuando su barca estaba bien cargada, la sirena se sumergía en el mar, sonriéndole. No obstante, nunca quiso acercarse a él tanto que pudiera tocarla. Él a menudo la llamaba y le rogaba, pero ella no se acercaba; y cuando intentaba cogerla se zambullía en el agua como pudiera hacerlo una foca, y no volvía a verla ese día. Y cada día el sonido de su voz se hacía más dulce a sus oídos. Tan dulce era su voz que olvidaba sus redes y su astucia, y no se cuidaba de su oficio.
Con aletas bermellón y ojos tachonados de oro pasaban en bancos los atunes, pero él no les prestaba atención: su arpón yacía a su lado sin uso alguno, y estaban vacías sus nasas de mimbre trenzado. Con los labios abiertos y los ojos empañados por el asombro, se quedaba sentado ocioso en su barca y escuchaba; escuchaba hasta que la neblina del mar se arrastraba en torno suyo, y la luna merodeadora teñía de plata sus miembros morenos.
Y un atardecer la llamó y le dijo:
-Sirenita, sirenita, te amo. Acéptame por esposo, pues te amo.
Pero la sirenita negó con la cabeza.
-Tú tienes un alma humana -respondió-. Si quisieras arrojar tu alma lejos de ti, podría amarte.
Y el joven pescador se dijo: «¿De qué me sirve el alma? No puedo verla. No puedo tocarla. No la conozco. Ciertamente la arrojaré lejos de mí, y será mía una gran alegría.»
Y estalló en sus labios un grito de júbilo y, poniéndose en pie en su barca pintada, tendió sus brazos a la sirena.
-Arrojaré mi alma lejos de mí -gritó-, y tú serás mi novia y yo seré tu novio en los esponsales, y juntos viviremos en lo profundo del mar, y todo aquello que has cantado me lo mostrarás, todo lo que tú desees yo lo haré, y nuestras vidas no habrán de separarse.


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