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Una casa de granadas (Oscar Wilde) - pág.32

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Todas las tardes salía al mar el joven pescador y arrojaba sus redes al agua. Cuando el viento soplaba de tierra, no cogía nada, o poca cosa, en el mejor de los casos, pues era un viento cortante de alas negras, y olas encrespadas subían a su encuentro. Pero cuando soplaba el viento hacia la costa, salían los peces de las profundidades y entraban nadando en la trampa de sus redes, y él los llevaba al mercado para venderlos.
Todas las tardes salía al mar, y una tarde la red pesaba tanto que apenas podía arrastrarla para subirla a la barca. Y riéndose se dijo:
-Seguramente he cogido todos los peces que nadan, o he atrapado a algún monstruo torpe que será una cosa asombrosa para los hombres, o algo horroroso que la reina deseará tener.
Y juntando todas sus fuerzas tiró de las ásperas cuerdas hasta que, como líneas de esmalte azul alrededor de un jarrón de bronce, resaltaron las largas venas de sus brazos. Tiró de las cuerdas delgadas, y más y más se acercaba el círculo de corchos planos, y la red subió al fin a la superficie del agua.
Pero no había dentro pez alguno, ni monstruo ni cosa que diera horror, sino solamente una sirenita profundamente dormida.
Tenía los cabellos como húmedo vellón de oro, y era cada cabello por separado como un hilo de oro fino en una copa de cristal. Su cuerpo parecía de blanco marfil, y su cola era de plata y perla.
Plata y perla era su cola, y las verdes algas marinas se enroscaban en ella; y como conchas marinas eran sus orejas, y sus labios como el coral del mar. Las frías olas rompían sobre sus pechos fríos, y brillaba la sal sobre sus párpados.
Tan bella era, que cuando el joven pescador la vio se llenó de asombro, y extendió la mano y atrajo la red junto a él, y apoyándose en la borda la cogió en sus brazos. Y, al tocarla, lanzó ella un grito como una gaviota asustada y despertó, y le miró aterrorizada con sus ojos de amatista malva, y forcejeó para escapar. Pero él la tenía sujeta, y no consintió que se marchara.
Y cuando vio ella que no podía escapar en modo alguno de él, se echó a llorar y dijo:
-Te suplico que me dejes que me vaya, pues soy la hija única de un rey, y mi padre es anciano y está solo.


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